Lesbianarium 46: "En busca del hilo perdido"

Muy acertado, el taller de costura Las mujeres no pierden el hilo. Aprende a diseñar y confeccionar tu ropa, organizado por el Ayuntamiento de Madrid y el centro municipal de atención social a mujeres “María Zambrano” de Chamberí. Leo la noticia en el periódico que he comprado al volver de Tailor & Co., donde he recogido unos pantalones que me quedaban demasiado largos. Es que tengo una boda en perspectiva y, claro, como no sé coser, tengo que echar mano de estos establecimientos de arreglos que, en el fondo, no hacen otra cosa más que quitar el trabajo a las amas de casa.
Muy acertado, digo, el taller madrileño, y sobre todo, muy necesario, porque está claro que las mujeres estamos perdiendo el norte, la esencia de la feminidad. Ya no cosemos, ni cocinamos, ni nos quedamos en casa. El otro día se encargaba de recordármelo muy amablemente un señor mayor en plena calle, mientras mi mujer y yo corríamos en chándal por la Barceloneta. Al cruzarse con nosotras, el señor en cuestión, que debía tener unos 65 o 70 años, exclamó con énfasis: “¡Ánimo, chicas! Y al llegar a casa, ya sabéis, a fregar y a poner lavadoras”. Y yo, agradeciéndole el consejo, le contesté, también muy amablemente: “Muchas gracias, caballero. Y usted, ¿por qué no está en el bar en lugar de perder el tiempo paseando? ¿Es que no ve que le faltan todavía un par de copas para poder volver a su casa en condiciones de obsequiar a su esposa con otra buena tunda? Por poco que indague, verá que seguramente hoy tampoco habrá cumplido con sus obligaciones según las sabias directrices de la Sección Femenina de la Falange Española de las J.O.N.S., que, aunque datan de 1958, se diría que continúan bien vigentes. Afortunadamente, la Falange parece gozar de buena salud, y a algunas personas, como al señor Aznar, les encanta enseñarnos su falange de vez en cuando. Hágame caso, no pierda más tiempo y váyase a casa, que le está esperando su señora. Que tenga un buen día, señor”.
Al cabo de un rato, después de ducharnos y ponernos cómodas en casa, le pregunto a mi mujer:
―Oye, ¿y sin nos apuntamos al taller?
―¿En Madrid?
―Es verdad, no me acordaba, demasiado lejos. ¡Qué rabia me da a veces vivir en Barcelona! Pero… ¿Y si perdemos el hilo?
―Eso podría ser muy peligroso, cariño. Le ocurrió a una amiga mía, y el tampón se le metió tan adentro que tuvieron que operarla. Casi no lo cuenta, la pobre. Por suerte, pudieron extraérselo antes de que le llegara al cerebro.

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