Lesbianarium 6: "Diálogo para besugos"

-Y entonces, ¿qué te ha dicho exactamente la niña?

-Ha hablado más bien poco, solamente me ha dicho: “mamá, soy lesbiana. Lee esto con papá y llamadme al móvil cuando terminéis para decirme lo que tengáis que decirme”. -Me ha dado este librito y se ha marchado. ¿No te parece raro?

-Sí, la verdad, muy raro, nuestra hija no es de las que salen de casa lanzando un ultimátum así como así, que para eso la hemos educado en el seno de la Santa Madre Iglesia con ayuda del O’Pus They, esa gran Obra que todo lo puede, que a todos ayuda y que de todo el mundo se apiada.

-Amén, Alfonso, Amén. ¡Cómo me gusta escucharte hablar así!

-A ver, Sofía, vayamos por partes. ¿Qué te ha dicho que era?

-Lesbiana. Y yo, claro, me he quedado fría, porque nunca había oído esa palabra ni sé qué significa. Pero para despistar, y pensando que debe tratarse de alguna moda entre los de su edad, o quizá de algún nuevo club para chicas de la Universidad Pontificia, le he dicho que muy bien, que si ella era eso yo me alegraba y la apoyaba.

-A mí tampoco me suena, la verdad, y mira que en estos tiempos se aprenden cada día muchas palabras nuevas, sobre todo relacionadas con tecnología, neologismos y eso… Pero ésta, es que no la vinculo a nada que me sea familiar… Lesbiana… Lesbiana… Bueno, mujer, ¿y para qué están los diccionarios? Trae acá el de la Real Academia y verás como salimos de dudas.

-Qué gran idea, cariño. Eres un hombre brillante. Toma, aquí lo tienes. Busca tú, que a mí, sin las gafas, se me juntan los renglones.

-A ver… ¡Ya lo tengo! “Lesbiana. Nombre femenino. Véase lesbiano.”.

-Claro, lo masculino lo engloba todo, como debe ser.

-“Lesbiano. Adjetivo. Lesbio.”.

-¿Lesbio? Pues tampoco me suena.

-Sigamos, pues, hasta el fondo de este asunto. “Lesbio”. Del latín lesbius. Adjetivo. Natural de Lesbos. Perteneciente o relativo a esta isla.”.

-¿Una isla? María de la Piedad no pertenece a ninguna isla, que yo sepa. Nació aquí, en casa, después de catorce horas de parto. ¡Que me lo digan a mí!

-Calma, mujer, no te sofoques. Seguro que todo esto tiene una explicación. A mí me da que se trata de una especie de argot, de un lenguaje que se han inventado los chicos y las chicas de su clase para hacerse los interesantes y hablar entre ellos sin que nosotros nos enteremos.

-Bien podría ser. Espera, estoy llamando a Virtudes, la madre de José María, a ver si ella sabe algo. José María y María de la Piedad son muy amigos. Si una se ha hecho de un club o algo, seguro que el otro también… ¿Virtudes? ¿Cómo estás? Soy Sofía, la madre de María de la Piedad… Bien, bien… Todos bien… Oye, quería preguntarte una cosa que a lo mejor te parece un tanto extraña. ¿Tu hijo es lesbiano?… ¿Cómo dices? Ah… vaya… entiendo… ¿Y hace mucho?… Sí, por supuesto, no te preocupes… En el sermón del domingo… Entendido… Gracias, Virtudes, guapa. Cuídate, ¿vale? Adiós.

-¿Qué?

-Que no, que José María no es lesbiano.

-Caramba, esto sí que me despista…

-Que es guay. Se ve que se lo ha dicho hoy mismo, le ha dejado un librito sobre la mesa y después se ha ido.

-¿Lo ves? “Guay”, otra palabra indescifrable y el mismo modus operandi. Esto tiene que ser, cuando menos, un juego de rol. Sólo espero que no sea violento, por Dios…

-Alfonso, por favor, hay que ver qué cosas dices a veces, sólo con pensarlo me he estremecido y se me ha aflojado el cilicio.

-No te preocupes, mujer, seguro que todo esto es para bien. ¿Tú confías en nuestra hija?

-Completamente.

-Y yo. Lo que tenemos que hacer es seguirle el juego y ver hasta dónde nos lleva. Creo que eso es lo que espera María de la Piedad de nosotros, y no podemos fallarle. Recapitulemos: tenemos a nuestra hija por un lado, quien nos dice que es “lesbiana”, y a su mejor amigo, quien dice a sus padres que es “guay”. Ambos lo hacen el mismo día y nos dejan un libro para leer. De momento, sabemos que una lesbiana es una habitante de la isla de Lesbos, pero no sabemos dónde está la isla. ¿Tenemos atlas?

-Sí. Toma.

-Veamos… ajá… aquí está: Grecia.

-¡Una isla griega! ¡Qué bonita debe ser!

-Una de las incógnitas ya está despejada. Vayamos ahora a por la otra parte del enigma, el librito que nos ha dejado. ¿Cómo se titula?

-“Guía para madres y padres de gays i lesbianas”. Vaya, hay una errata, han olvidado escribir la “u” de “guays”.

-Perfecto, todo encaja, ¿lo ves? Llegados a este punto, casi me atrevería a aventurar una solución a este acertijo, pero necesito saber un poco más todavía. Está claro que no vamos a leer ahora la guía entera, así que, por favor, léeme unos pasajes que te llamen la atención, a ver si nos dan algunas pistas más.

-A ver, por ejemplo, aquí dice: “No en vano muchos padres y madres confiesan, por ejemplo, que ‘nadie les había advertido de la posibilidad de tener un hijo gay o una hija lesbiana’.”. Otra vez han olvidado la “u”.

-Cierto, nadie nos había advertido antes. Aquí hablan del factor sorpresa como parte de la trama. Anda, léeme otro.

“Como madres y padres nos corresponde acompañar este momento vital para el hijo o la hija. De este modo, contribuiremos a hacer de nuestra familia un espacio donde cada miembro se sienta querido y donde pueda crecer como persona.”.

-Fíjate que aquí la clave está, creo yo, en “momento vital”. ¿Todavía no caes, cariño?

-Pues no, la verdad. ¿Tú sí?

-Piensa, querida, ¿cuándo termina nuestra hija la carrera?

-Si Dios quiere este mismo curso, en junio.

-¿Y qué se hace en el último año de universidad?

-A ver, déjame pensar… me estoy poniendo nerviosa, cariño… último año de universidad… ¡Claro! ¡El viaje de fin de carrera!

-¡Exacto!

-¿Cómo no se nos había ocurrido antes? ¡Que se quieren ir a la isla griega de Lesbos y no saben cómo pedirnos permiso!

-Y dinero, querida, no te olvides del dinero, que es lo principal. Ya verás como, si sigues leyendo, también se habla de eso en la guía.

-Pues sí, mira, aquí mismo lo dice bien clarito: “Nuestro hijo o hija también se ha sentido solo o sola antes de decírnoslo.”.

-Pobrecilla hija mía, qué mal lo debe haber pasado.

-Pues no tenía motivos, ella sabe perfectamente que en esta casa se puede hablar de todo libremente y que, si quiere una cosa, la que sea, sólo tiene que pedirla. No entiendo por qué tanto secreto con el viaje, la verdad.

-Yo creo que quería darnos una sorpresa, y así de paso se ahorraba el mal rato de tener que pedirnos el dinero para el viaje cara a cara. De ahí lo de la guía, y lo de que la llamáramos después de que la hubiéramos leído, y todo, ¿no te parece? Por otra parte, fíjate en todas las molestias que se han tomado los de su clase para irse de viaje. Y qué sutil todo, tan educado, tan mesurado… Me pregunto de dónde habrán sacado el dinero para editar esta guía.

-Seguramente les habrá hecho el favor el padre de Ernesto, que tiene una empresa de artes gráficas.

-Será eso, sí. Y entonces, ¿qué hacemos ahora?

-Pues nada, seguirle la corriente procurando no avergonzarla, dejándole claro que aquí nos tiene para lo que necesite y que el dinero para el viaje no es ningún problema. Ahora mismo le extiendo un cheque y se lo dejamos encima de la mesa, junto a la guía, para que lo encuentre nada más llegar a casa. ¿Te parece que diez mil euros bastarán? Venga, que sean quince mil para que nuestra niña lo pase de miedo en Lesbos y no tenga que preocuparse por nada. Y tú, ya puedes ir llamándola.

-A eso voy.

-Hola, mamá, esperaba tu llamada… ¿Todo bien?… ¿Ah, sí?… Y papá, ¿cómo se lo ha tomado?… Vaya, eso sí que no lo esperaba… ¿Cómo dices?… ¿Quince mil?… ¿De verdad?… ¿Seguro que habéis leído la guía?… Pero… Yo también te quiero, mamá… Sí, nos vemos para cenar… Sí… Un beso… Chao…

-¿De verdad era tu madre, Maripí?

-Sí, Chema, era ella.

-¿Y cómo se lo ha tomado?

-Dice que ella y mi padre están encantados, que por qué no se lo había dicho antes y que no tengo que preocuparme por nada, que me dejan un talón de quince mil euros encima de la mesa para que cuando me vaya a Lesbos no me falte de nada… ¿Tú entiendes algo?

-¡No me digas que lo primero que se les ocurre a tus padres cuando les dices que eres bollera es enviarte de viaje a Lesbos, nada menos!

-Eso parece, aunque no acabo de creérmelo. Y a ti, ¿cómo te ha ido con los tuyos?

-No tan bien, ni de lejos. Hace un rato me ha llamado mi padre para decirme que está orgulloso de mí, que siempre ha sabido que tiene un hijo muy guay y que espera que lea algunos pasajes del librito que les he dejado en el sermón del próximo domingo, para que todos los hermanos y las hermanas de la Congregación también puedan sentirse orgullosos de mí.

-En ese caso, te deseo lo mejor y espero que sobrevivas. Te enviaré la postal más bonita que encuentre desde Lesbos. Si puedo, me escapo mañana mismo.

-Zorra.

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