Lesbianarium 11: "Franca Navidad"

-Hola, mamá. Un beso. Feliz Navidad. Toma, para ti.
-¿Para mí? ¿Qué es?
-Nuestro regalo, una sesión completa para dos personas en el spa que escojas de la lista del dorso de la caja.
-Te lo agradezco, hija, pero ya sabes que a tu padre no le gustan estas cosas…
-Bueno, pero, a ti sí, ¿no? Además, yo no he dicho que tengas que ir con papá.
-¿Y con quién voy a ir, entonces?
-No lo sé, mamá, depende de las ganas que tengas de relajarte. ¿Con la tía Emilia? No, mejor que no, no para de hablar y te aguaría el día de relax… ¿Y con tu hermana Yolanda?
-¿Yolanda? ¿La monja? ¿Estás loca? ¿Cuándo has visto tú a una monja en un spa?
-Alguna habrá que quiera relajarse, digo yo, para olvidarse de tanto rezo… Seguro que a la hermana Forcades, tan moderna y concienzuda, sí que le molan los spas
-¡Que no, que Yolanda no querrá venir!
-Pues entonces ve con el señor Gabriel, el panadero de la esquina. Hace más de veinte años que no te quita ojo, y me juego lo que quieras a que te dice que sí. O con Paquita, la vecina solterona, que tampoco te quita ojo y siempre te regala cosas.
-Eso, me los llevo a los dos al spa, al panadero y a la vecina tortillera, y de paso nos arrimamos los tres en la sauna, ¿qué te parece?
-Eso sería genial, madre, y que conste que lo has dicho tú. ¿Cuánto tiempo hace que no te tiemblan las piernas?
-Déjame, niña, que me lías. Creo que cederé el regalo a tu hermano y a su mujer, ellos lo aprovecharán más que yo.
-Haz lo que quieras, ya eres mayorcita.
-En eso sí que tienes razón. Ven, ayúdame en la cocina. ¿Por qué has llegado tan tarde? ¿Es que no sabes que necesito todas las manos posibles en un día como hoy?
-Pues en el salón veo muchas manos que no están haciendo nada para ayudarte. Fíjate, están papá, Manuel, su mujer, la tía Emilia, sus dos hijos, el primo Juan con su novia Julia, las primas mellizas y los niños. ¿Les llamamos a todos para que vengan a echar una mano?
-Si quieres, avisa a Emilia, a Julia y a las primas.
-He dicho “a todos”, y eso incluye también la parte masculina de la familia.
-Déjalo, por favor, no empieces otra vez y dime si vas a ayudarme o no.
-Sí, claro, Candela y yo serviremos la comida, como cada Navidad. Un año más, seremos las únicas en levantarnos de la mesa para traer un plato tras otro.
-Eres imposible, niña. Por cierto, ¿dónde está tu amiga?
-Como acabo de decir, y aunque lo sabes de sobra, se llama Candela y no es mi amiga, es mi mujer, con quien llevo casada legalmente más de tres años. Vendrá dentro de un rato, tenía un encargo que hacer.
-¿Un encargo? ¿En Navidad? ¿Qué clase de encargos se hacen en un día como hoy?
-Ya lo verás.
-¿Os quedáis a dormir?
-Depende. ¿Nos has preparado la habitación de matrimonio este año?
-Ya sabes que eso no puede ser.
-Ya… Pero sí que puede ser cada vez que se quedan Manuel y su mujer, ¿verdad?
-No es lo mismo.
-Pues entonces nos iremos después de llevar la comida a la mesa y dejarte la cocina como los chorros del oro. Y te aseguro que eso será pronto.
-¿Por qué lo dices?
-Por nada, por nada. ¿Puedo ver el pavo? Porque, hay pavo, ¿no?
-Pues claro. Míralo, qué hermoso. En cinco minutos lo sacas del horno y lo vas sirviendo.
-¡Qué pena de animal, madre!
-Qué pena de ti, que no respetas las tradiciones y te lo pasas todo por el forro de la chaqueta.
-Por el arco del triunfo.
-¿Cómo?
-Que me lo paso por el arco del triunfo, pero todo no, solamente lo que no tiene sentido, lo que se hace por hacer y ya está, lo que no se cambia por desidia, por comodidad, como la Navidad. Por ejemplo, ¿dónde está escrito que se tenga que comer pavo el 25 de diciembre? Por mucho que me fije en el calendario, no veo que ponga “San Pavo” debajo de esa fecha. ¿Y quién ha establecido que tú te pases el día cocinando como una esclava, mientras los demás miramos?
-Lo hago por amor.
-¡Menudo concepto tienes tú del amor! Que no, madre, que el amor es otra cosa, es compartir, es sumar ilusiones y esfuerzos en la misma dirección, es tratarse con respeto de igual a igual. ¿Entiendes lo que te digo?
-Eso será en tu mundo, niña. En el mío, el amor es esto que ves.
-Entonces, prefiero no verlo.
-¿Qué quieres decir?
-Mamá, me temo que esta es la última Navidad que pasamos juntas. No quiero seguir con esto. Así no.
-¿Tan insoportables te resultamos?
-Tranquila, lo he dispuesto todo para que parezca un atentado al buen gusto y al honor de la familia. Sólo yo saldré perjudicada, bueno, Candela también, ambas asumimos nuestro papel de malas en esta película.
-Hija, no te entiendo, pero me estás dando miedo.
-Aquí estoy, por fin. Hola, Miranda. Hola, señora Engracia. Por favor, perdóneme por lo que va a pasar hoy aquí.
-Hola, Candela, cariño. ¿Lo has traído todo? Ni se te ocurra disculparte, ¿me oyes?
-¿Qué es todo esto? ¿Y por qué me pides perdón, Candela?
-¿Tienes el megáfono?
-Sí.
-Dámelo. ¿Preparada?
-No lo sé, Miranda. ¿Tú crees que es buena idea? ¿Y si dejamos las cosas tal como están?
-¿Y comer pavo otra vez? ¿Y repetir exactamente la misma Navidad de los últimos cuarenta años? ¡Ni hablar! Abre el horno, saca al bicho y échaselo a Boby, que estará en su caseta del patio y ni se imagina el festín que le espera.
-¿Os habéis vuelto locas? ¡A la primera que toque mi pavo la echo ahora mismo de casa!
-A eso mismo hemos venido, mamá, a que nos echéis para que no tengamos que volver nunca más por Navidad.
-Sí, señora Engracia, por eso le pedía perdón, ¿lo entiende ahora?
-Madre, quítate el delantal, vete al salón y siéntate a la mesa con los demás. Os traeremos la comida enseguida. Candela, ¿puedes acompañarla, por favor? Si es necesario, arrástrala. Cuando llegues al salón, haz que me escuchen todos… ¿Cómo se enciende el megáfono?
-Apretando aquí, donde pone “ON”, ¿ves? Vamos, señora Engracia, venga conmigo a la mesa, no se resista, que su hija está muy loca y es capaz de cualquier cosa.
-¡ATENCIÓN TODA LA FAMILIA! OS HABLA MIRANDA DESDE LA COCINA. HACED EL FAVOR DE SENTAROS A LA MESA ENSEGUIDA, PORQUE VAMOS A COMER. OBEDECED A CANDELA Y NO OS PASARÁ NADA. REPITO, HACED TODO LO QUE OS DIGA CANDELA. YO VOY AHORA MISMO.
-Candela… pero… ¿qué es este escándalo en mi casa?
-Hola, señor Alfonso. No se preocupe, todo está controlado. Le traigo a su señora para que se siente con ella a la mesa, junto al resto de la familia.
-Pero… ella tiene que estar en la cocina… como siempre… ¿no?
-Me temo que este año no va a ser así, señor Alfonso.
-Ay, Alfonso, nos están destrozando la Navidad… ¡Le han dado mi pavo al perro!
-Pero… ¿qué demonios…?
-Señor Alfonso, le recomiendo que se siente y que todos hagan lo mismo. Su hija está en la cocina, muy cabreada, y yo, de usted, procuraría que no se enfadara más todavía.
-De acuerdo, vamos a mantener la calma y a sentarnos todos. Por favor, haced lo que dice Candela y veamos adónde nos lleva todo esto.
-CANDELA, ¿ESTÁ LA MESA PUESTA?
-Sí, el mantel de la abuela Remedios, con sus bordados, la vajilla de porcelana, las copas de cristal de Bohemia y los cubiertos de plata…
-¡GRITA UN POCO MÁS, QUE NO TE OIGO!
-¡Que sí, que está todo en su sitio!
-PUES QUE LO QUITEN, RÁPIDO…
-Engracia, ¿me puedes decir qué está pasando aquí?
-Lo que te decía, Alfonso, que nos quieren aspar la Navidad… ¡Ay, qué disgusto tengo!…
-COMO VENGA YO, QUITO LA MESA A PATADAS… ¡VAMOS!
-Por favor, hagan lo que dice Miranda. Yo les ayudo. Lo guardamos todo bien guardado para que no se rompa nada, ¿ven?, así… ¡Ya está, Miranda! ¡La mesa está limpia!
-¡OK! PRIMERA FASE COMPLETADA. AHORA, PONED EL MANTEL DE PAPEL, LOS PLATOS Y LOS VASOS DE PLÁSTICO BLANCO QUE HA TRAÍDO CANDELA.
-Por Dios, Candela, ¿tú crees que todo esto es necesario?
-Tía Emilia, por favor, cállese y obedezca… ¡Segunda fase en proceso, Miranda! ¿Vienes ya?
-Ya estoy aquí, cariño. Traigo la primera bandeja. ¿Puedes ir a por la segunda? Niños, vosotros traed la tercera.
-¿Se puede saber qué es esto?
-Esto, papá, es maki sushi de gambas. Lo que trae Candela es nigiri de salmón, y los niños vienen con una bandeja de tempura de langostinos. Ya sabéis, querida familia, que las lesbianas somos más de pescado, ¿verdad? Aquí tenéis vuestros chopsticks de usar y tirar. Este año no se friegan platos ni cubiertos. Claro que, pensándolo bien, la mayoría de vosotros tampoco habéis fregado nunca nada hasta hoy, ¿me equivoco? Hala, pues, os dejamos para que disfrutéis del festín y os deseamos una feliz Navidad. Sintiéndolo mucho, Candela y yo tenemos que marcharnos, nos esperan para celebrar la Navidad de una manera que a vosotros os parecería escandalosa por poco ortodoxa. Y tú, mamá, piénsate lo del spa, ¿vale? Hay un mundo ahí afuera que quizá te sorprenda, pero tienes que dar el primer paso.
-Hija, si me hubieras advertido, habría hecho canelones…
-Sí, claro, rellenos de pavo, ¿no? ¡Basta ya de pavo y sus derivados, coño! Lo dicho, que os aproveche la comida. Ahora, Miranda y yo saldremos del salón muy lentamente y nos marcharemos. Que a nadie se le ocurra moverse hasta que nos hayáis oído cerrar la puerta de la calle.
-¿Puedo venir con vosotras?
-No, Carlitos, hoy no, cuando seas mayor ya veremos, según cómo evoluciones.
-Y entonces, ¿a partir de ahora, qué?
-Pues nada, papá, a partir de hoy seguimos siendo tan familia como siempre. Nos llamaremos a menudo y vendremos a visitaros de vez en cuando a lo largo del año, pero no nos esperéis el día de Navidad a menos que estéis dispuestos a cambiar algunas cosas, empezando por el menú, continuando por contribuir todos a prepararlo y a servirlo y acabando por instalarnos a Candela y a mí en una habitación con cama de matrimonio si queréis que nos quedemos a pasar la noche. Tenéis un año entero para pensar en ello, creo que es suficiente tiempo.
-No respetas nada, Miranda.
-Lo mismo os digo. Hasta la próxima, familia.

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