“Tu objetivo se encuentra a 5 metros delante de ti”. Aparto la vista de la pantalla de mi flamante iPhone para enfocarla hacia donde me indica el mensaje, pero no veo a ninguna chica que se parezca a mi objetivo. Me pregunto si habrá ocurrido algún error o si me habré descargado una versión anticuada de la aplicación. Soy novata en esto de ligar a través del móvil y me pregunto si no me habré dejado influenciar demasiado por Pepa. “Bájate Gay App”, me había dicho semanas atrás, “es fantástico, te localiza a todas las lesbianas de tu alrededor ordenándolas de la más cercana a la más lejana”. Y yo, claro, le hice caso, como siempre. Y por eso estoy aquí ahora, a pocos metros de una chica escuálida de piel blanca y pelo corto que no deja de mirarme con su iPhone en la mano. Me sonríe y se acerca.
—¿Eres lobezna23?
Contesto que sí lo soy, sorprendida por la identificación. Concluyo que ella debe ser rolliza_fresca, pero, por mucho que me fije, no cuadra para nada con la descripción del mensaje de contacto, y mucho menos con la foto de su perfil.
—Perdona, pero no pensaba que serías…
—¿Delgada? —interrumpe rolliza_fresca sin dejarme terminar la frase. No sé muy bien qué ni cómo contestar.
—Eso mismo. Por la foto del brazo en tu perfil pensé que estarías más entrada en carnes, la verdad.
—No es mi brazo, es mi espalda —contesta con rotundidad—. Tranquila, no eres la primera a la que le ocurre, y además, mi nick también despista un poco, por lo de rolliza, pero es que me encanta esa palabra.
Sigo sin saber qué decir, así que opto por despedirme y escapar de allí a toda prisa.
—Bueno, pues, encantada de haberte conocido, ya nos veremos por ahí —le digo con poca convicción. Pero ella insiste.
—¿No te gustan las delgadas?
Y yo insisto en mi poca convicción.
—Verás… es que… si puedo elegir… prefiero a las mujeres obesas.
—¿En serio? —pregunta, entre divertida e incrédula— ¿Qué te dan ellas que no pueda darte yo?
—No te ofendas —respondo, más segura—, pero donde esté una mujer de gran tonelaje, que se aparten las escuálidas como tú. Y no lo digo con ánimo de ofender, ni mucho menos. Las mujeres obesas me dan seguridad y, sobre todo, morbo, mucho morbo. Perderme entre los pliegues de sus carnes me vuelve loca. No espero que lo entiendas, solo que lo respetes.
Mientras le explico mis razones, rolliza anota algo en un pequeño bloc, arranca la hoja y me la da, sonriendo. Leo.
—¿”Very Chicha”? —pregunto, extrañada.
—Es la aplicación que necesitas, y es gratis. Ahí están todas las lesbianas que te interesan. Eres nueva en esto, ¿verdad?
Afirmo con la cabeza, un poco avergonzada y muy agradecida por su ayuda. Me siento mal por haberle hecho perder el tiempo.
—No te preocupes ni por un momento —contesta—, el mundo está lleno de lesbianas delgadas como yo. Alguna habrá que esté deseosa de frotar sus huesos contra los míos.

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