Lesbianarium 86: "Flores de Bach"

Desgraciadamente el de hoy es el último lesbirelato que Qerma cuelga en nuestro blog, por lo menos durante los próximos meses. Primero porque se toma unas merecidas vacaciones y segundo porque, de cara al otoño, Qerma se enfrenta a un montón de nuevos proyectos que por ahora no le van a permitir seguir escribiendo estos lesbirelatos tan chispeantes con los que nos lleva deleitando en los dos últimos años. Por supuesto habrá un segundo libro de Lesbianarium del que os daremos buena cuenta y muchas cosas más de las que aún no podemos avanzar nada… Desde aquí un saludo para Qerma y todo nuestro apoyo en esta nueva etapa que se abre ante ella. Un besazo. ¡¡¡Ha sido y seguirá siendo un placer tenerte en lesbiana.es como colaboradora!!! ¡Nos vemosmuy pronto!
Y ahora sí os dejamos con el lesbirelato de Qerma:

Arrancó de cuajo patatas, tomates, cebollas y calabacines. Exterminó de raíz limoneros y perales. Recolectó las últimas lechugas y prendió fuego al huerto para arrasar con todo. Se dejó llevar por la ira, sí, pero consciente de que era la última vez que daba rienda suelta a sus emociones negativas. Ya no quería huerto, necesitaba un jardín en su vida, pero no un jardín cualquiera sino un jardín de Flores de Bach. La primera visita a la terapeuta le había abierto los ojos a una nueva realidad de autocontrol y canalización de frustraciones por medio de extractos florales diluidos en alcohol. En esa primera cita, en la que ella misma escogió sin mirar las Flores que, supuestamente, debían ayudarla según su estado emocional, sus manos hablaron por ella.
—Impatiens y Willow, interesante elección —valoró la terapeuta— irritabilidad y resentimiento. No te asustes si ves que tomas decisiones drásticas en cuanto empieces a tomarlas.
“Y tan drásticas”, pensó Yolanda frente a su huerto en llamas. A la semana siguiente, en la consulta, su elección fue otra bastante distinta: Crap Apple, Heather y Beech. Al parecer, ya no estaba irritada ni resentida, ahora no se gustaba a sí misma, y eso la llevaba a obsesionarse con su persona y a ser intolerante con las demás. Debía tomar la nueva pócima durante la siguiente semana si quería perdonar a Lola por haberse largado de un día para otro dejándole por único legado un huerto que ella siempre había detestado.
En la siguiente visita, Yolanda explicó a la terapeuta que se sentía vacía, sin ganas para nada ni para nadie, aunque preocupada por si sería capaz de rehacer su vida algún día. Escogió de nuevo las Flores adecuadas: Walnut para aprender a adaptarse a los cambios, Hornbeam para recuperar la energía perdida y White Chestnut contra la preocupación rumiante. Una semana más tarde, por fin, todo parecía encajar, y quizá por eso su mano derecha se posó sobre el frasco de Holly.
—¿Solo una esta semana? —indagó la terapeuta.
—Sí, ¿eso es bueno o malo?
—En tu caso es bueno, muy bueno. Nada mejor que unas gotas de Holly para dejarse llevar y despertar de nuevo al amor.

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