Como bien sabes, el mundo de las lesbianas está lleno de mitos y falsas creencias. Hoy queremos hablar de uno muy extendido, sobre todo, entre los heteros. Nos preguntamos y te preguntamos, ¿de verdad existe el mito de la “cama fría”?

Veamos…

Cuando se piensa en una relación entre lesbianas, hay muchos estereotipos que no tienen ningún fundamento. Si lo piensas, cuando te acuestas por primera vez con otra chica nunca funciona todo lo bien que quieres, y esto se debe, en parte a una gran falta de educación sexual LGTB. Sí, en los colegios se da “la reproducción sexual”, pero realmente no hay una educación sexual.

Además de esto, las personas que se creen que las mujeres hablamos mucho de todo, nunca han tenido que pasar una noche de sexo en silencio por una discusión sobre quién tenía que hacer qué. Y, claro, luego está la idea de que una de las dos asumimos el papel del “hombre”.

Igual que existe el mito de que las lesbianas nos vamos a vivir juntas tras una cita, está el mito de la “cama fría”. Ese hace que los demás piensen que, después de acostarnos con otras mujeres dos o tres veces, dejamos sentir absolutamente todo.

¿Es real el mito de la “cama fría”?

Por experiencia propia te digo que es un mito falso. Pero como siempre he querido saber cuál es su origen. Te lo cuento.

El mito de la “cama fría” nace en los años 80 de la mano de dos sociólogos, Pepper Schwartz y Phillip Blumstein. Ambos estaban realizando una investigación para su libro American Couples: Money, Work, Sex. Según las investigaciones realizadas, las lesbianas tienen menos relaciones que los gays o los heteros, y de ahí nació el mito que hoy llega a nosotras.

Realmente, se pueden hacer muchísimas objeciones a este libro, escrito con los datos que obtuvieron de una pequeñísima muestra de mujeres lesbianas También hay que tener en cuenta es que en el momento en el que se escribió, el sexo entre lesbianas no era “tan fácil” de definir como lo es hoy.

La misoginia de la época llevó a las mujeres a pensar que aquello que hacían no era sexo, porque no había penetración. Además, solo se medía la cantidad, no la calidad del sexo.

¿Entonces, por qué continúa existiendo hoy en día?

Una de las razones por las que ha llegado a nosotras es que se investiga muy poco sobre las experiencias lésbicas sexuales. Pensando en esto, es fácil identificar el mito de la cama fría como una creencia homofóbica y anti-mujer.

Particularmente, creo que darle más “voz” es perjudicial para nosotras mismas, y es algo que se puede eliminar hablando más con tu pareja o con la persona con la que tengas esas relaciones. No podemos equiparar el sexo masculino con el femenino: las mujeres somos diferentes, y sí, el sexo entre nosotras también lo es.

Es evidente que, en el caso de las relaciones largas, la cantidad de relaciones va disminuyendo por un sinfín de factores, pero no quiere decir que ya no se tengan. Las mujeres tenemos el sexo, en gran medida, como respuesta a estímulos. Para los hombres, el estímulo es el sexo.

¿Qué opinas tú sobre este tema? Cuéntanos.