«Nos damos cuenta de la importancia de nuestras voces solo cuando estamos callados». Es una frase que pronunció Malala Yousafzai para poner en valor el poder que tienen las palabras y alzar la voz ante las injusticias. El lenguaje, al fin y al cabo. Irremediablemente, tenemos que hablar de cómo han cambiado los discursos del lesbianismo en los últimos años.

No tanto quién los emite o desde dónde, lo que realmente ha cambiado es el lenguaje que rodea a esos discursos. Es decir, hay relatos que presumen de ser inclusivos y, en el fondo, se olvidan de las reivindicaciones y de las necesidades que tenemos las lesbianas. No podemos hablar de lesbofobia explícita ni de ataques contra el colectivo, pero sí que observamos una tendencia hacia la neutralización.

¿Qué son los discursos ‘neutralizadores’ del lesbianismo?

Son discursos que de una forma muy genérica podrían pasar por inclusivos, pero si los analizamos en profundidad, nos damos cuenta de que no nombran nada en concreto. El lesbianismo deja de ser un sujeto político, cultural o sexual diferenciado de otras cuestiones para diluirse en categorías mucho más amplias o abstractas.

Como cuando alguien pronuncia un discurso con buenas palabras y bien adornado, pero sabes que carece de fondo. Por tanto, aunque no podemos hablar de censura al uso, las lesbianas sí que sentimos que nuestra orientación sexual pasa a ser una etiqueta de la que se puede prescindir fácilmente. Quizá porque es demasiado concreta. Y ya sabemos que lo que no se nombra, no existe.

Del lesbianismo a ser una categoría ‘difusa’

Durante décadas, podemos decir que el lesbianismo ha sido una experiencia situada. Mujeres que desean a otras mujeres en un contexto social concreto, con determinadas implicaciones y políticas claras. Algunos espacios consideran hoy en día que es una definición muy rígida, poco permeable e incluso ‘excluyente’.

Nos referimos, por ejemplo, a los discursos que evitan las etiquetas y hablan del colectivo LGTBIQ+ en general, de identidades abiertas y cambiantes. No es que sea negativo por sí mismo, pero las lesbianas necesitamos que se nos nombre y se tenga en cuenta nuestra realidad.

¿Dónde se reproduce esa neutralización del discurso?

En pleno 2026, los medios de comunicación y las redes sociales influyen muchísimo en cómo se articulan los discursos hoy en día. En lo que nos compete, nos hemos dado cuenta de que las lesbianas entramos en un saco más amplio, como el de la diversidad o las identidades no normativas.

Quien no forme parte del colectivo, quizá puede darlo por válido. Pero quienes estamos dentro, sabemos bien que hay algo que se está perdiendo por el camino.

En el activismo digital pasa algo parecido. Vivimos en una sociedad hiperconectada, recibimos cientos de estímulos al día, hay mensajes que dependen de los gustos de un algoritmo y tendemos a simplificar mucho los discursos en caracteres o en segundos de vídeos. Así que es más sencillo hablar de diversidad que hacer discursos sobre lesbianismo más específicos. Y no, no es lo mismo.