La educación sexual inclusiva debería servir para ayudarnos a entender nuestros cuerpos, deseos y relaciones sin sentirnos raras, invisibles o directamente equivocadas. El problema es que, en la práctica, las lesbianas no siempre estamos incluidas en el discurso ni se tiene en cuenta nuestra sexualidad.

Y tiene más delito aún porque han pasado décadas desde que empezamos a hablar de diversidad sexual en colegios, en campañas y en materiales educativos. Sin embargo, seguimos teniendo la sensación de quedarnos fuera, incluso cuando se habla del colectivo LGTBIQ+.

¿Qué es realmente la educación sexual inclusiva?

La educación sexual inclusiva no va de añadir unas siglas en un discurso ni de mencionar de pasada que existen otras orientaciones. Esto es lo que implica:

  • Informar de manera rigurosa, actualizada y útil sobre sexualidad, afectividad, cuerpos y vínculos.
  • Contemplar distintas identidades, orientaciones y realidades.
  • Hablar de placer, consentimiento, límites, comunicación y salud sexual sin asumir que todas las relaciones son heterosexuales, reproductivas o basadas en roles de género rígidos.
  • No asumir la heterosexualidad como la norma y el resto como una excepción.

Por qué la teoría no es igual a la práctica

En los colegios, institutos y en entornos educativos, la diversidad no está presente de forma real. Se explican las relaciones sexuales, cómo prevenir embarazos no deseados o enfermedades de transmisión sexual, pero siempre desde una lógica heterosexual. Y si hay tiempo, quizá, una mención rápida a que también existen parejas del mismo sexo, pero esto simplifica muchísimo la historia.

Además, la mayoría de discursos alrededor de las relaciones homosexuales implican solo a hombres. Así que las relaciones lésbicas quedan fuera de esa educación sexual inclusiva. Y las mujeres más jóvenes no saben nada de prácticas sexuales entre nosotras, de prevención específica, de dinámicas afectivas propias ni tienen referentes.

Por qué en 2026 las lesbianas seguimos sin vernos reflejadas

Que las lesbianas no nos sintamos reflejadas dentro de la educación sexual inclusiva tiene varias razones:

  • El deseo entre mujeres sigue siendo incómodo, invisible y está muy sexualizado, pero rara vez se explica desde dentro.
  • Influye mucho la falta de formación específica de quienes imparten esas formaciones en educación sexual inclusiva.
  • Hay muy pocas referentes lésbicas y la mirada feminista, en ocasiones, está muy centrada en lo heterosexual.
  • Las políticas educativas se quedan en lo superficial para no generar conflictos.

Las lesbianas merecemos tener una identidad

Vernos reflejadas dentro de la educación sexual inclusiva no es ningún capricho identitario. Es una necesidad básica. Por ejemplo, cuando una adolescente que se siente atraída por otra mujer no encuentra información sobre lo que siente, aprende a base de prueba y error, de rumores o de pornografía.

La educación sexual inclusiva reduce la desinformación, la culpa y el aislamiento. Además, lo que no se nombra no existe. Explicar quiénes somos y cómo nos sentimos nos da identidad, desmonta muchos tópicos, previene violencias y ayuda a construir relaciones más sanas. Eso sí, desde dentro. No queremos escuchar a terceras personas hablar de lo que significa ser lesbiana, sino a una lesbiana.