Tenemos que reconocer que las lesbianas hemos ganado visibilidad y derechos en los últimos años, a la par que un discurso mucho más inclusivo. Ahora bien, ¿por qué muchas seguimos buscando espacios solo para lesbianas?
Ni por capricho ni por exclusión, sino por la necesidad de compartir experiencias. Para poder bajar la guardia, reconocernos sin dar explicaciones y poder existir sin filtros. Y fuera de estos espacios, no siempre ocurre.
La inclusión es una cosa y estar en el centro es otra
La inclusión es una palabra que debemos tener presentes, sobre todo cuando hablamos de espacios seguros. Hemos de reconocer los avances, pero también que las lesbianas quedamos en un segundo plano en espacios mixtos o LGTBIQ+. Nuestros códigos y experiencias vitales quedan algo más ‘enterradas’ frente a otras realidades más visibles o más normativas dentro del propio colectivo.
Entonces, los espacios para lesbianas colocan nuestras experiencias en el centro, sin competir por llamar la atención ni justificar ciertos debates. Son lugares en los que podemos hablar libremente de vínculos entre mujeres, de referentes o de dinámicas propias del ambiente lésbico. Y ojo, no debemos confundirlo con el aislamiento ni mucho menos. No es eso lo que pretendemos.
Seguridad emocional y ausencia de la mirada masculina
Otra de las cuestiones que también están en el centro del debate de los espacios para lesbianas es la seguridad, tanto física como emocional. En este tipo de lugares, desaparece la mirada masculina y esas expectativas heterosexuales que se cuelan en entornos a priori seguros, mucho más de lo que nos gustaría.
Entonces, traducimos la seguridad como no tener que estar alerta ni ser interpeladas desde el deseo ajeno. Todo esto influye en la manera que tenemos de habitar los espacios para lesbianas, en cómo hablamos, cómo ligamos o cómo nos relacionamos con los demás.
¿Seguir necesitando espacios para lesbianas es un retroceso?
Antes de responder a la pregunta, tenemos que entender que los espacios propios para lesbianas no sirven solo para socializar. También son lugares donde las más jóvenes pueden encontrar referentes, compartimos experiencias y relatos que no suelen ser tema de conversación en otros entornos.
Por ejemplo, bares, asociaciones, encuentros culturales o medios específicos. Sin ellos, la comunidad lésbica estaría mucho más fragmentada y sería más solitaria.
Así que volviendo a la pregunta inicial, los espacios para lesbianas no son van en contra de ningún otro colectivo ni mucho menos. Simplemente, queremos reconocer que nuestras necesidades no siempre coinciden con las de otras realidades, así que tenemos que buscar esa inclusión.
Porque la lesbofobia todavía existe, por la invisibilización histórica o la sexualización constante a la que nos enfrentamos. Y la respuesta a todo eso nace mucho mejor en espacios en los que no tenemos que justificar nuestra existencia. ¿Significa que hayamos fracasado como sociedad? No, significa que seguimos construyendo y que todavía queda camino por recorrer.
Todo lo anterior se puede resumir perfectamente en que mientras existan desigualdades, silencio y experiencias que solo entendemos nosotras, los espacios para lesbianas seguirán teniendo sentido.
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