Lesbianarium 7: "La Mujer Invisible"

-¿Llego muy tarde? Perdón, lo siento mucho, es una de las pegas de vivir lejos del centro. A ver si alguna vez escogemos un restaurante fuera del Eixample, el mundo es grande e igual de bonito más allá de Cerdà, ¿lo sabíais?
-Anda, deja de quejarte y siéntate aquí. Llegas justo a tiempo para darnos tu opinión.
-¿Sobre qué?
-Santiago nos estaba leyendo un artículo que ha encontrado en Internet, según el cual podremos ser invisibles en un futuro no muy lejano. ¿A ti qué te parece?
-Pues, francamente, yo creo que más de uno y de una hace ya mucho tiempo que son invisibles en la oficina, ¿no crees? Y si te vas un poco más lejos, a África por ejemplo, te darás cuenta de cuántos millones de invisibles hay por ahí. Eso me parece.
-Joder, qué positiva vienes, ¿no?
-Si no quieres guerra, no me pinches, coño. ¿Habéis pedido ya?
-No, pero el camarero vendrá enseguida, así que echa una ojeada al menú y decídete pronto. Por cierto, te presento a Carlos, mi marido. Es funcionario de la Generalitat, y como me dijiste que el tuyo también lo era, pensé que tendrían tema de conversación. Porque, tu marido va a venir, ¿no?
-Encantada de conocerte, Carlos. Sandra, cariño, ¿me tomas el pelo?
-¿Cómo dices?
-Yo no te dije que mi marido era funcionario, te dije que mi mujer era funcionaria. ¿Acaso no lo recuerdas?
-Pues… la verdad… no.
-¿No? ¿Y tampoco te acuerdas de todas las veces que he tenido que hacerte esta misma observación en la oficina porque eres incapaz de aceptar el hecho de que vivo con una mujer? Desde el primer día te he hablado de mi pareja en femenino, siempre y en cualquier circunstancia. Pero tú, a tu bola, que si tu marido por aquí, que si tu marido por allá… Estoy cansada, Sandra, muy cansada, y hoy acabas de colmar el vaso.
-Mujer, tampoco es para tanto, digo yo.
-Es para tanto y para mucho más. Miranda, mi mujer, no es invisible, ¿sabes? No desaparecerá, por mucho que la Iglesia, la Ciencia o tú os empeñéis en ello.
-¿Quieren que les tome nota? ¿Han decidido ya qué van a tomar los señores?
-Tome nota si quiere, joven, pero no se olvide de preguntar también a las señoras. Por lo que a mí respecta, ya no tengo hambre. Me voy.
-¿En serio vas a irte por semejante tontería?
-Sandra, no entiendes nada de nada. Y lo peor de todo es que no lo entiendes porque no quieres. Nos vemos mañana en la oficina, pero a partir de ahora hablaremos lo justo. ¿Lo has captado, o tampoco? ¡Adiós!
…………………………………

-Miranda, cariño, ¡ya estoy en casa!
-¿Candela? Llegas pronto. Ven, estamos aquí, en el salón. Pero, ¿no cenabas hoy con los de la oficina?
-Sí, pero eso era antes de descubrir que estoy casada con La Mujer Invisible. Así que, si no te importa, prefiero cenar contigo.
-Candela, te presento a mi primo Julián. Creo que te he hablado de él en varias ocasiones. Ha venido a Barcelona por unos días.
-¿Julián? ¿El que se fue a Italia de Erasmus en 1989 y no volvió? Encantada de conocerte. ¡Tú sí que sabes, tío! Seguro que tú inventaste aquello de “Erasmus = Orgasmus”, ¿a que sí?
-¡Pero qué cachondo es tu marido, Miranda! Nunca lo hubiera imaginado ¡Qué gracia tiene, el tío!
-¡Anda, otro con lo mismo! Me gustaría saber qué le pasa hoy a la gente, que no ve lesbianas ni aunque se las pongas delante de las narices. Miranda, por favor, ¿me acompañas un momento a la cocina? Julián, discúlpanos un par de minutos.
-Por supuesto, os espero aquí mientras voy zampándome estas pastas, que están de muerte.
-Cierra bien la puerta, que no nos oiga Julián. Sí, ya lo sé, Candela, llevo horas hablándole a mi primo de ti, de lo guapa y maravillosa que eres, de lo bien que estamos juntas y de nuestros planes, pero él sigue refiriéndose a ti en masculino. Pensaba que en cuanto aparecieras por la puerta cambiaría el chip, pero ya veo que no, y yo ya no sé qué hacer, la verdad.
-¿Me creerás si te digo que a mí me ha pasado exactamente lo mismo en la cena de la oficina? He tenido que irme porque Sandra quería conocer a mi marido, cuando le he dicho mil veces que mi pareja es una mujer.
-Pues sí que estamos bien… ¿Y qué hacemos? Con Julián, digo, ¿disimulamos?
-¡Ni hablar! Estoy harta, hay que pasar al ataque. Volvamos al salón. Sígueme el juego.
-¡Ay, madre, que te conozco y la vas a liar!
-Ven, abre la puerta, ya verás… ¡Se va a cagar!… ¿Y qué, Julianete, cómo te va todo en Italia? Tu marido, ¿está bien? Lleváis mucho tiempo juntos, ¿verdad? Más de diez años, si no recuerdo mal. Eso es todo un récord en vuestro colectivo.
-¿Cómo dices? No, no, mi marido no. Yo no soy gay, estoy casado con Andrea desde hace once años y somos muy felices. Miranda, ¿es que no se lo habías dicho?
-¿Decirle qué? ¡No me digas que tu marido se ha operado y ahora es una mujer! ¿Lo sabe ya el resto de la familia? ¿Y la suya? ¿Cómo se lo han tomado?
-¡Que no, joder! ¡Que Andrea siempre ha sido una mujer!
-Ya… Una mujer… ¿Igual que nosotras dos?
-Miranda, ¿vas a permitir que tu marido me trate así?
-Julián, sabes que te aprecio mucho, pero aquí el único que se está comportando como un energúmeno eres tú. Quiero que te vayas de mi casa y que no vuelvas hasta que no estés dispuesto a pedir disculpas a Candela, mi mujer. Llévate las pastas si quieres, pero quítate de mi vista ahora mismo.
-Te acordarás de esto. Y tú también, puta.
-¡Aleluya! Por fin me reconoces como una mujer, mundana pero mujer al fin y al cabo. Vete a la mierda, Julián.
…………………………………………….

-¿Vienes a la cama, cariño?
-Enseguida voy.
-¿Se puede saber qué estás haciendo, Candela?
-Nada, ya estoy aquí, ¿ves?
-Sí, pero, ¿qué hacías en el lavabo tanto rato?
-Nada, estaba mirándome en el espejo, para ver si me está creciendo barba, o algo.
-No me extraña, vaya día que llevamos, sobre todo tú que has tenido sesión doble de invisibilidad, en el trabajo y en casa. Siento mucho lo de mi primo. Es un imbécil.
-No te preocupes, el problema es suyo. ¿Me haces un favor?
-Claro.
-Pálpame la entrepierna.
-¿Para qué?
-¿Notas algún bulto por ahí abajo? Igual tengo polla y resulta que no lo sé…
-¡Idiota! No hay bultos, todo está uniforme y suave, como siempre.
-Perfecto. ¡Qué alivio! Gracias, ya puedes sacar la mano.
-Creo que no. Necesitas relajarte, cariño.

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