Todas vivimos nuestro lesbianismo de una manera muy diferente, motivado también por las circunstancias personales. Las hay que salieron del armario hace años, lo tienen completamente normalizado y se sienten cómodas hablando de ello. Otras, en cambio, prefieren guardarse su orientación sexual y hablar de ella solo en la intimidad.

Ambas posturas (y todas las intermedias) son completamente válidas y legítimas. El problema viene cuando tu pareja no vive el lesbianismo de la misma manera que tú. Una encabeza las manifestaciones del Orgullo y tiene la bandera arcoíris muy presente, y la otra prefiere no exponerse demasiado. ¿Es un problema? ¿Qué se hace en este tipo de situaciones?

Cuando el lesbianismo significa cosas distintas

No todas las mujeres vivimos nuestro lesbianismo de la misma forma, básicamente porque el camino que hemos tenido que recorrer ha sido diferente. No es lo mismo quien viene de una familia abierta y está muy metida en la comunidad que quien ha vivido su sexualidad en silencio.

Esas diferencias no nos catalogan como más o menos lesbianas, simplemente hablan de nuestras experiencias previas. Porque no es lo mismo haber crecido sin referentes que haber tenido acceso a series, creadoras de contenido, espacios lésbicos visibles e incluso una red de apoyo amplia y LGTBIQ+ friendly.

El conflicto aparece cuando invalidamos las vivencias de la otra persona. Si tú no tienes problemas con la exposición y tu pareja sí, quizá te duele o piensas que quiere esconder vuestra relación. En cambio, si eres más de vivir tu relación de pareja con cierta discreción y tu chica quiere hacer activismo constante, puedes terminar agotada.

Los motivos más habituales detrás de estas diferencias

Antes de tomar una decisión, incluso de responder de manera defensiva, deberías intentar entender de dónde viene su forma de entender el lesbianismo. Tal vez no es que tu pareja esté menos comprometida con su identidad, simplemente puede tener sus razones para ser más discreta. Por ejemplo, un entorno laboral más hostil, una familia muy cerrada o alguna mala experiencia previa. No somos nadie para juzgar cuándo o cómo debe salir alguien del armario.

También puede influir mucho la relación con la comunidad. No todas las lesbianas se sienten cómodas en espacios LGTBIQ+, y eso no las hace menos lesbianas. Hay quien necesita compartirlo y quien no.

Y seamos sinceras, el origen de estos problemas a veces está más bien en nuestras inseguridades. Por ejemplo, miedo a que nos escondan, miedo a exponernos demasiado, incluso a que el entorno nos juzgue. Y en este caso, si le ocurre algo parecido a tu chica, lo mejor que puedes hacer es acompañarla en el proceso.

Cómo actuar sin que la relación se convierta en una guerra

Lo primero es hablar desde el ‘yo’ y no desde el reproche. No es lo mismo que le digas a tu pareja ‘me estás escondiendo’ que ‘cuando no me presentas como tu pareja, me siento invisible’. Ese enfoque cambia por completo la conversación.

Siempre podéis llegar a acuerdos y establecer límites. Por ejemplo: ¿puedes aceptar que no quiera ir al Orgullo, pero necesitas que en vuestro círculo cercano se os nombre como pareja? ¿Te basta con ciertos espacios seguros compartidos? Solo así podréis vivir el lesbianismo de una manera que no os haga daño y disfrutar del amor, respetando siempre vuestras circunstancias personales.