Si ayer reivindicábamos el Día Internacional contra la LGTBIfobia en el Deporte, este 20 de febrero hablamos del Día Mundial de la Justicia Social. Porque sí, la justicia social y el lesbianismo también tienen cosas en común.

Las lesbianas compartimos orientación sexual, códigos propios, referentes en algunos casos y hasta tenemos algunas preocupaciones comunes. Pero no todas habitamos el mundo desde el mismo lugar, ni siquiera con las mismas posibilidades. 

Qué entendemos por justicia social (y qué tiene que ver con el lesbianismo)

La justicia social parte de la idea básica de que todas las personas deberían tener las mismas oportunidades y un trato digno, independientemente de su origen, clase social, identidad, orientación y cualquier otra condición. La teoría la tenemos clara, pero la práctica sabemos que no es exactamente así.

En nuestro caso, no solo vivimos la desigualdad desde el punto de vista de la orientación sexual. Porque suele mezclarse con la raza, la edad, la diversidad funcional, la situación administrativa, el nivel económico y hasta el entorno. Es decir, lo que los estudios señalan como interseccionalidad es la diferencia entre poder vivir abiertamente o tener que medir cada palabra.

No es lo mismo ser lesbiana blanca con una red de apoyo y cierta estabilidad económica que una lesbiana migrante en situación precaria. Tampoco es lo mismo crecer en una gran ciudad con referentes que en un pueblo en el que todo el mundo se conoce (y juzga). Por eso, la justicia social y el lesbianismo tienen tanto que ver, hoy y siempre.

El privilegio dentro del propio colectivo

Aunque a veces nos cueste reconocerlo, hay jerarquías dentro del colectivo. Por ejemplo, cuerpos más aceptados que otros, incluso expresiones de género que generan menos fricción social que otras. Hay lesbianas que pasan más desapercibidas y otras que tienen que soportar mayor exposición o riesgo.

Las lesbianas con una apariencia más masculina (las butch) suelen recibir más miradas ajenas en comparación con otros perfiles más normativos. Y las racializadas llevan años denunciando el racismo también en espacios LGTBIQ+. Y las mayores, nuestras referentes históricas, quedan invisibilizadas por culpa del edadismo en ambientes que parecen más obsesionados con la juventud.

Así que hablar de la justicia social aplicada al lesbianismo implica revisar dinámicas internas, cuestionar qué modelos se visibilizan y cuáles se quedan fuera.

¿Qué significa actuar desde la justicia social?

Significa entender que salir del armario no significa lo mismo para todas. Y que todas tenemos mujeres cerca que han roto con sus familias al dar este paso, que viven situaciones laborales complicadas, incluso situaciones de violencia (físicas, silencio, presión…).

Así que aprovechamos el Día Mundial de la Justicia Social para recordarnos que tenemos que escuchar más a otros perfiles dentro del lesbianismo, es decir, a quienes menos espacio ocupan. También cuestionarnos privilegios propios y ampliar el foco cuando defendemos derechos.

Y cuidar nuestros espacios para que estos espacios no sean solo para unas pocas. No todas tenemos las mismas oportunidades ni la justicia social es igual para todas en el lesbianismo, así que tenemos una razón más para construir una comunidad más sincera, inclusiva y, sobre todo, más justa.