Hacer networking siendo lesbiana va más allá de intercambiar una tarjeta de contacto o de entablar conversaciones en LinkedIn. La mayoría de las veces, también implica gestionar cómo nos leemos en espacios profesionales en los que todavía somos una minoría visible.
Por ejemplo, en un evento del sector en el que nos presentamos como expertas en nuestra materia y alguien nos coloca mentalmente en una casilla. O tiene prejuicios hacia nosotras solo por nuestra apariencia. Ocurre como mujeres y como lesbianas.
Queremos ampliar red, generar oportunidades y darnos a conocer, pero no a costa de ser una ‘cuota’ en un proyecto o en un comité. Es decir, esa figura simbólica que sirva para que la empresa de turno se cuelgue la medalla de inclusiva sin cuestionar de verdad sus dinámicas. La cuestión aquí no es ocultar quién eres (faltaría más), sino evitar que tu orientación sexual eclipse al talento de alguna manera.
¿Qué significa realmente ser ‘la cuota’?
Cuando hablamos de ser ‘la cuota’, no nos referimos a las políticas de acción positiva en sí, que pueden ser herramientas útiles. Nos referimos más bien a la instrumentalización. A la invitación para formar parte de un espacio como la única mujer y, por supuesto, la única lesbiana. A ese correo donde buscan un ‘perfil diverso’ para rellenar un espacio sin tener ni siquiera en cuenta tu experiencia profesional.
El término más técnico para hablar de esto es la tokenización, que ocurre al convertir a una persona en un símbolo. Pasamos a representar al ‘colectivo’ simplemente para dar una imagen de diversidad, sin abordar de verdad los problemas que tenemos las lesbianas. La cuestión aquí es que nos inviten solo por ser mujeres o solo por ser lesbianas.
Networking siendo lesbianas
Con el paso del tiempo, la mayoría de nosotras hemos aprendido que la visibilidad es política. Por ejemplo, salir del armario en el trabajo, nombrar a tu pareja abiertamente o participar en espacios LGTBIQ+ tiene consecuencia e impacto. Aunque también genera referentes y abre espacios a otras.
Ahora bien, una cosa es elegir ser visibles y otra que la orientación sexual se ponga en el centro de tu valor profesional. Hacer networking siendo lesbianas funciona mejor cuando parte de otro espacio y cuando alguien cuenta con nosotras porque admira nuestro trabajo y no porque necesita cubrir un cupo de diversidad.
Un truco: presta atención a la manera en la que te presentan. Si lo primero que dicen de ti es que eres activista lesbiana o LGTBIQ+ y relegan tu cargo o tu especialidad a un segundo plano (si es que aparece), quizá tienes que pedir que lo revisen.
Entonces, ¿cómo ampliar red siendo lesbiana?
Hacer networking no va solo de asistir a encuentros o irte de afterwork, también es elegir bien los espacios. Existen redes profesionales de lesbianas, encuentros sectoriales queer e incluso grupos de mentoría para lesbianas emprendedoras.
Además, cada vez hay más. En estos espacios no tienes que justificarte ni invertir tu energía en explicar o demostrar que eres buena profesional.
Aunque no se trata tampoco de encerrarnos en nuestra burbuja. Los espacios generalistas también son importantes, y siempre puedes construir alianzas en ellos. Si eres la única lesbiana, busca personas afines (no necesariamente del colectivo) que entiendan el motivo de tu presencia en ese espacio.
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