La hipersexualización de las relaciones entre mujeres en TikTok y otras redes sociales ha crecido de forma abismal en los últimos años. De hecho, es una tendencia bastante incómoda que reduce cualquier vínculo entre mujeres a pura tensión sexual.

Da igual si es una pareja estable, dos amigas queer o creadoras hablando de su día a día. Sin ningún tipo de implicación sexual por medio, pero la tendencia suele ser sexualizar primero y preguntar después. ¿Por qué sigue ocurriendo esto en pleno 2026?

De la cultura porno al algoritmo en redes sociales

Para entender por qué ocurre la hipersexualización en TikTok tenemos que mirar más allá de esta red social. La cultura visual en internet lleva décadas marcada por el consumo masivo de pornografía, pues las relaciones entre mujeres son el ‘producto’ estrella para el público heterosexual masculino. No es casualidad.

Esa narrativa (la de dos mujeres siempre disponibles para una tercera mirada) forma parte del imaginario colectivo. Así que cuando una pareja lésbica sube un vídeo bailando o simplemente existiendo, no parte de cero. Lo hace en un contexto en el que su vínculo previamente ha sido codificado como un fetiche.

Y al final, el algoritmo en redes sociales amplifica lo que genera interacción. El contenido sexualizado, aunque sea de forma sutil, retiene más tiempo de visualización, aumenta los comentarios y los compartidos. No porque queramos, sino porque el sistema premia lo que provoca reacciones.

¿Empoderamiento o ‘performance’ para la mirada masculina?

Aquí conviene matizar bastante. Hay creadoras lesbianas y bisexuales que reivindican su sexualidad de manera explícita y consciente, y eso no debería escandalizarnos a estas alturas. El problema está cuando se difumina la línea entre la autoexpresión y el ‘performance’ para la mirada masculina.

Muchas tiktokers cuentan que tienen mucho menos alcance cuando publican contenido ‘neutro’ (hablando de trabajo, activismo o del día a día). En cambio, si el vídeo enfatiza el deseo, el cuerpo o la tensión erótica, se disparan las visualizaciones.

Ojo, no juzgamos en ningún caso las decisiones individuales, porque cada una gestiona su visibilidad como quiere o puede. Pero sí señalamos que hay una estructura muy clara, y es que las relaciones entre mujeres siguen siendo más rentables cuando encajan en el molde de fantasía heterosexual. Y por eso seguimos viviendo hipersexualización.

El impacto de la hipersexualización dentro del colectivo

La hipersexualización no solo viene de fuera. También influye en cómo nos miramos entre nosotras. Las más jóvenes y las que se descubren a sí mismas a través de las redes sociales pueden identificar que una relación ‘válida’ tiene que ser intensa, estética y sexy.

Esto genera mucha presión, porque no todas las lesbianas deben encajar en ese rol. Y no todas queremos convertir nuestra intimidad en contenido. Sin embargo, el feed construye esa narrativa donde lo lésbico parece sinónimo de tensión constante.

Además, esta hipersexualización invisibiliza muchas otras realidades, como lesbianas mayores, racializadas, con diversidad funcional o vínculos no normativos que no responden a la estética que ‘triunfa’ en TikTok.