Hay pensamientos que a todas se nos han pasado por la cabeza en algún momento y hemos sentido que éramos raras. Es más común de lo que parece dentro del colectivo, igual que compartirlos con otras compañeras para descubrir que, en realidad, todas hemos pasado más o menos por lo mismo.
Pueden cambiar los detalles, el contexto o el momento vital, pero la base de nuestras experiencias suele ser bastante parecida. Y no es casualidad. Más bien, el resultado de crecer en un entorno que a veces no nos nombra, no nos representa o directamente presupone que somos heterosexuales.
«¿Y si solo es una fase?»
Este pensamiento es un clásico entre las lesbianas. Normalmente, aparece cuando empiezas a cuestionar lo que sientes y muchas veces va acompañado de cierta resistencia interna, como si tu mente estuviera intentando encajar lo que sientes en un molde que no termina de ajustarse.
Es habitual en la adolescencia, porque es cuando empezamos a descubrir nuestra sexualidad, pero también puede aparecer en la edad adulta, cuando surgen dudas o cambios en la manera de vivir tu orientación sexual. Y ojo, no es tanto una duda sobre quién eres, sino una consecuencia de haber crecido creyendo que lo ‘normal’ era ser hetero.
«¿Estoy leyendo bien las señales?»
Otra situación bastante recurrente es analizar gestos, miradas o conversaciones con lupa para saber si la otra persona está en la misma sintonía o en el mismo momento vital que tú. Y también son pensamientos que aparecen cuando no tenemos referencias claras o cuando no tenemos demasiado interiorizada la manera de ligar con otras mujeres.
Pero con el tiempo, aprendemos a relativizar. Un consejo de lesbiana experimentada: no quieras interpretar cada gesto como si fuera un mensaje cifrado ni busques analizar absolutamente todo. Deja que la relación fluya y todo saldrá mejor.
«¿Por qué no me di cuenta antes?»
Este pensamiento suele ir acompañado de un vistazo al pasado: recuerdos, situaciones, señales que en su momento pasaron desapercibidas o que ahora tienen un significado distinto.
Y aquí es importante tener en cuenta el contexto. No es que no lo supieras, es que quizá no tenías las herramientas, el lenguaje o el entorno como para identificarlo. Una vez que tomamos conciencia o nos relacionamos con otras mujeres lesbianas, entendemos cosas que antes pasábamos por alto. No es un error, es evolución.
«¿Soy la única que se siente así?»
Este probablemente sea el pensamiento más silencioso de todas estas líneas. No siempre lo verbalizamos en voz alta, pero sí que suele aparecer en momentos de dudas o cuando sentimos que algo no encaja del todo.
La realidad es que, dentro del colectivo, hay una realidad enorme de experiencias y de vivencias. Aunque no todas pasamos por lo mismo ni vivimos de la misma manera, hay patrones que se repiten, emociones que muchas de nosotras compartimos y dudas que, aunque parezcan muy personales, son bastante comunes.
Y no, no eres la única. Basta con una conversación con otras mujeres lesbianas o simplemente escuchar otras historias para darte cuenta de que todos estos pensamientos forman parte de una experiencia compartida.
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