El amor entre mujeres siempre ha encontrado la manera de resistir y de sobrevivir a las circunstancias, aunque no hubiese espacios seguros para nombrarlo. Mucho antes de que existiesen las redes sociales, el amor entre mujeres vivía en las cartas, en miradas, en libros (nunca firmados con un nombre de mujer) y en archivos a los que hoy, por suerte, tenemos acceso.

Ahora, nos parece natural tener una huella digital y que con solo ‘googlear’ nuestro nombre aparezcan todos nuestros datos personales. Pero durante siglos, las mujeres vivían su intimidad de manera muy diferente: en cartas, diarios personales, correspondencias escritas en clave… Puede que ahora nos parezca romántico (y en parte lo era), pero tenía mucho más de supervivencia que de romanticismo al uso.

Las cartas: un lenguaje común para expresar el amor entre mujeres

Durante buena parte de nuestra historia reciente, las cartas han sido un espacio muy seguro (y al mismo tiempo el más arriesgado) para expresar los sentimientos entre mujeres. Pero no como te estás imaginando, porque tenían que camuflar su amor en fórmulas de afecto y de cariño que se consideraban ‘aceptables’ para dos amigas.

De hecho, muchas parejas de mujeres mantenían el contacto por carta cuando la distancia, la familia o las normas sociales las obligaban a separarse. Así que en estos textos había parte de cotidianidad y también de una intimidad emocional mucho más profunda que no se podía mostrar en público.

Estas cartas de amor entre mujeres estaban escritas con un lenguaje muy cuidado por la necesidad de protección y porque en muchos casos había un vínculo más allá de una simple amistad.

Diarios personales: un espacio seguro

El diario personal era el espacio seguro en el que las mujeres no tenían que justificar nada ni cuidar el lenguaje. El único requisito era mantenerlo a buen recaudo y bajo llave, porque descubrir todos los secretos podía ponerlas en peligro.

En estos textos, el amor entre mujeres aparece con una libertad muy distinta a la carta: más cruda, más directa y también más vulnerable. Si te pica la curiosidad, puedes encontrar este tipo de diarios en archivos y en bibliotecas.

Por lo general, aparecen referencias a relaciones afectivas intensas con otras mujeres, basadas en la admiración, el deseo, la dependencia emocional o historias de amor que no encajaban en el marco social de la época. Lo interesante de estos textos es que son una mirada sin filtros ni correcciones sociales. Espacios seguros para las mujeres.

Cuando escribir era una forma de resistir

Escribir es una actividad terapéutica que tiene muchos beneficios. La cuestión es que documentar el amor entre mujeres era más bien una forma de resistir en una época en la que no podían ser ellas mismas ni amar libremente.

Así que escribir, guardar o conservar textos era la manera de reconocer un vínculo que no encajaba con las normas sociales. Y de paso, de cuidar la relación y de tener un espacio seguro al que acudir, ya que las relaciones lésbicas eran peligrosas incluso en la intimidad.