La Navidad se acerca poco a poco, y con ella, la nostalgia. Para muchas lesbianas, esta época puede ser agridulce: entre la calidez familiar y la sensación de no encajar del todo. Pero ¿y si este año nos regalamos algo diferente? Algo que no se envuelve, palabras sinceras y reflexivas. Hablo de cartas a ti misma.
El poder de la pluma y el papel en las cartas
Ponte en situación: tú, una taza de chocolate calentito, un cuaderno en blanco y la luz tenue de las luces navideñas. Es el escenario perfecto para una cita contigo misma, para escribir esas cartas que nadie más leerá, pero que cambiará tu perspectiva. No es una carta cualquiera; es un viaje íntimo por los rincones de tu año, tus logros y tus sueños.
Mirando atrás sin juzgar
Empieza por el año que se va. Recuerda esos momentos en que te sentiste orgullosa de ser quien eres. A lo mejor fue cuando por fin le hablaste a tu madre de tu novia, o cuando participaste en el Orgullo con la cabeza bien alta. No olvides esas pequeñas victorias: la primera vez que te defendiste en el trabajo, o cuando aprendiste a hacer ese pastel que tanto le gusta a tu chica.
Celebra tus tropiezos
Sí, has leído bien. Celebra también las caídas. Esas veces que metiste la pata, que dudaste, que tuviste miedo. Porque cada tropiezo te ha hecho más fuerte, más sabia. Recuerda cuando pensaste que no podrías superar esa ruptura, y mírate ahora, estás mejor que nunca.
Piensa en el futuro y escríbelo en tus cartas
Y ahora, piensa más allá. ¿Qué quieres para ti el próximo año? Sueña en grande. A lo mejor es el momento de escribir ese libro lésbico que siempre has querido leer, o de planear ese viaje a la playa solo para chicas. O tal vez es algo más íntimo: aprender a quererte un poquito más cada día, con tus curvas, tus «masculinidades» o lo que sea que te haga única.
El regalo de la aceptación
En esta Navidad, date el regalo más precioso: la aceptación. Acepta tu pasado, con sus luces y sombras. Acepta tu presente, con sus desafíos y alegrías. Y sobre todo, acepta tu futuro, con todas sus posibilidades. Porque eres perfectamente imperfecta, maravillosamente lesbiana, y absolutamente digna de amor.
Sigue la tradición
Hacer de estas cartas una tradición navideña puede ser el inicio de algo muy bonito. Cada año, al releerlas, verás cuánto has crecido, cuánto te has querido. Y quién sabe, tal vez algún día compartirás esta tradición con esa persona especial.
Así que este año, entre el turrón, la pandereta, los mantecados y los villancicos, regálate un momento de reflexión. Escribe esas cartas, llénalas de amor propio, de aceptación, de sueños. Porque tú, mi querida amiga lesbiana, mereces celebrarte en esta Navidad y siempre. Y recuerda, cada palabra que escribas es un paso más en el camino hacia tu mejor versión.
¡Feliz Navidad, y feliz vida!
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