El borrado lésbico es algo que la mayoría de nosotras hemos vivido, aunque no siempre lo nombremos tan abiertamente ni utilicemos estas dos palabras. En cualquier caso, se trata de ponerle nombre a esa sensación de desaparecer del relato mainstream, de quedarnos fuera de la representación y de que nuestra existencia se diluya entre otras narrativas que no nos terminan de incluir.

Básicamente, es una suma de pequeñas ausencias, en lo social, lo cultural y también en lo digital. Y lo que nos queda es una identidad que tenemos que explicar y justificar constantemente.

¿Qué entendemos por borrado lésbico?

El borrado lésbico es un concepto que se refiere a la invisibilización sistemática de las mujeres lesbianas dentro de la historia, los medios, la cultura y hasta el propio lenguaje. No es tanto falta de representación (que también), sino de una tendencia a reinterpretar o desplazar las relaciones entre mujeres hacia marcos más aceptados socialmente (amistad, por ejemplo).

Esto ha ocurrido históricamente en la literatura, el cine, la manera de registrar biografías de mujeres históricas que eran lesbianas o cómo se narran las relaciones entre mujeres. A veces ocurre incluso en espacios dentro del colectivo LGTBIQ+. La experiencia lésbica a veces se ‘difumina’ frente a otras realidades más visibles o normativas.

Cómo se manifiesta en el día a día

Llevado a la práctica, el borrado lésbico aparece de manera sutil y también más marcada. Por ejemplo, cuando alguien define a dos mujeres lesbianas que tienen una relación como ‘amigas’. O cuando las historias de amor entre mujeres parecen una excepción y desaparecen del imaginario romántico.

También se cuela en los medios y en la cultura popular, y el ejemplo más evidente es que las tramas lésbicas rara vez ocupan un papel protagonista. Y en el lenguaje cotidiano, cuando se evita utilizar la palabra ‘lesbiana’, sustituyéndola por expresiones más neutras (como pareja).

Cómo identificarlo y por qué importa tanto

Para identificar el borrado lésbico, deberías afinar la mirada, porque no siempre es visible ni evidente. De hecho, lo podemos comparar con los micromachismos. Si no tienes la mirada entrenada para detectarlos, a veces pueden pasar desapercibidos.

Por ejemplo, cuando observamos qué historias son protagonistas, cuáles se omiten y cómo se nombran (o no) ciertas realidades. Y al final, lo que no se nombra, no existe o pierde fuerza en el imaginario colectivo. La representación al final es una forma de pertenencia y vernos representadas en el mundo real es una manera de existir mucho más tranquila.

Recuperar referentes y un lenguaje propio

¿Hay respuesta posible al borrado lésbico? Una de las más potentes es la recuperación activa de referentes, historias y lenguaje. Nombrar lo que somos sin rodeos, rescatar figuras invisibilizadas y dar espacio a narrativas que sí nos tengan en cuenta.

Es decir, reclamar el lugar que ya existe, pero que a menudo la sociedad pasa por alto. Y, sobre todo, debemos entender (y hacer entender) que lo que decimos y cómo lo decimos también define quién tiene espacio en la conversación.