Las inseguridades no aparecen de un día para otro, y tampoco se marchan solas por mucho que quieras. Es un proceso, pero harás ‘clic’ el día que notes que reaccionas distinto a algo que te dolía o que no tienes que explicar algo que antes justificabas.
Este proceso suele ir muy ligado a la aceptación, a la visibilidad y a la relación que tenemos con nosotras mismas. No siempre es lineal, pero a veces nos deja pistas que debes aprender a reconocer.
Ya no necesitas validación constante
Una de las señales más evidentes de que ciertas inseguridades han dejado de tener tanto peso es que dejas de buscar validación de forma constante. Antes, quizá necesitabas confirmar si lo que sentías era ‘correcto’, si tu forma de vivir tu orientación encajaba o si los demás lo veían normal.
Con el tiempo, desaparece (o se suaviza) esa necesidad. Quizá no se esfuma del todo, porque seguimos siendo seres sociales, pero deja de ser el eje central y aprendes a confiar más en ti misma, en tu criterio y en tus experiencias.
Te sientes más cómoda con tu identidad
Otra señal es la capacidad de adaptarte a distintos contextos sin sentir que estás traicionando quién eres. Por ejemplo, si hay situaciones que antes te generaban tensión (entornos nuevos, conversaciones incómodas, preguntas fuera de lugar). No puedes evitar los momentos incómodos, pero sí cambia tu reacción y tu manera de afrontarlos.
Esto tiene mucho que ver con haber trabajado ciertas inseguridades relacionadas con la percepción externa. Ya no todo gira en torno a cómo te van a ver.
Has aprendido a poner límites sin snetir culpa
Poner límites, en cualquier aspecto de tu vida, no es una tarea sencilla, pero cuando lo haces, termina marcando un antes y un después. Y suele ir muy ligado a haber dejado atrás parte de las inseguridades que te hacían priorizar la comodidad de los demás sobre la tuya.
Lo reconocerás al pronunciar frases como ‘esto no me apetece explicarlo’, ‘este comentario no me parece adecuado’ o simplemente cuando cambias de tema sin justificarte. Son pequeños gestos que son importantes.
Tu relación con otras lesbianas es diferente
Un problema que hemos observado es que las comparaciones entre lesbianas son bastante comunes. No tanto por envidia, sino por preguntarte si estás haciendo lo correcto o si eres una buena lesbiana al ver cómo viven otras su identidad, su visibilidad o cómo gestionan sus relaciones.
De hecho, es una de las formas más habituales de manifestar una inseguridad dentro del colectivo. Y si esas comparaciones pierden fuerza, tus relaciones con otras lesbianas parten de un lugar más tranquilo, sin estar constantemente pensando en si vas a encajar o a estar a la altura.
Además, te permite disfrutar de la comunidad, crear tu propia red de apoyo y dejar que las conversaciones fluyan de otra manera. Sin esa tensión de fondo que a veces se cuela casi sin quererlo.
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