Aburrirte de vez en cuando es más importante de lo que parece. A veces, sentimos la necesidad de llenar cualquier hueco en la agenda, de tener planes o de ser siempre productivas. Pero dedicar una tarde (un día o un fin de semana entero) a no hacer nada no es una pérdida de tiempo.

Estamos en la Semana de la Concienciación sobre la Salud Mental, que se reivindica del 11 al 17 de mayo en distintos países, así que aprovechamos para recordarnos una cosa: no necesitas estar ocupada ni ser productiva todo el tiempo para sentirte válida. De hecho, a tu mente no le viene bien y a tu salud física, tampoco.

Para muchas lesbianas, descansar no ha sido fácil por el trabajo, los cuidados, la militancia, la vida afectiva, los grupos de amigas y la sensación de que siempre hay algo pendiente. Y lo recordamos también con vistas al próximo 28 de mayo, el Día Internacional de Acción por la Salud de las Mujeres.

Aburrirte no es perder el tiempo

Vivimos en una cultura que premia la productividad constante. Si no estás trabajando, entrenando, socializando o aprendiendo algo nuevo, parece que no estás aprovechando el día. Y la sociedad hace que veamos el descanso como un mero ‘trámite’ para seguir rindiendo y produciendo.

Sin embargo, aburrirte también cumple una función importante. Cuando el cerebro no recibe estímulos de manera continua, entra en un estado de calma que es positivo para la reflexión, la creatividad y el procesamiento emocional. Es decir, que durante ese rato que estás tumbada en el sofá sin hacer nada, estás siendo también productiva.

De hecho, las mejores ideas y decisiones no aparecen en mitad del caos, más bien cuando te das permiso para desconectar y dejas que la mente salga de la rutina.

¿Por qué nos cuesta tanto parar?

Porque no es fácil tolerar el silencio. En ocasiones, mantenernos ocupadas es una manera de evitar pensamientos incómodos, preocupaciones o emociones que preferimos posponer. El problema es que, si lo aparcas durante demasiado tiempo, el pensamiento no desaparece, sino que vuelve más fuerte que antes.

También influye la presión social. Las redes están llenas de personas que son productivas todo el tiempo (o eso parece), de cuerpos tonificados, brunches, escapadas, planes… Así que, si nos pasamos el domingo en pijama viendo una serie, sentimos que nos estamos quedando atrás. Y no, tu cerebro también necesita descansar, igual que tu cuerpo.

El aburrimiento también es autocuidado

Cuando hablamos de autocuidado, pensamos más bien en hábitos saludables, ir a terapia o hacernos una rutina de bienestar. Y todo eso es perfecto, pero hay otra manera de cuidarte: bajar el ritmo.

Aburrirte un poco reduce la sobreestimulación y te ayuda a recuperar energía mental. Además, es una buena manera de detectar qué necesitas, en lugar de reaccionar de manera automática a lo que ocurre a tu alrededor.

¿No sabes por dónde empezar? Deja el móvil en una habitación durante unos minutos, sal a caminar sin auriculares o siéntate en casa tranquilamente sin nada que hacer. Puede que al principio te sientas rara, porque hemos entrenado nuestro cerebro para buscar estímulos, pero poco a poco conseguirás disfrutar de esos momentos de ‘aburrimiento’.