Sabemos muy bien lo que son los crushes de verano y también que rara vez se mantienen en nuestra vida a partir de septiembre. Pero ahora que se acerca el buen tiempo, volvemos a caer en la ‘trampa’.

La primavera, la sangre altera… Hacemos más planes al aire libre, pasamos tiempo en las terrazas, vamos de festival, nos escapamos con amigas y no nos olvidemos del Orgullo. Y seguro que tienes en mente a esa crush de verano que te ha sonreído en un chiringuito y te ha hecho pensar en pocos segundos que tal vez es el amor de tu vida.

No suele serlo, pero la verdad es que nos da bastante igual. ¿Por qué renunciar a esa historia de amor pasajera, aunque sepamos que no va a durar demasiado?

En verano, y más aún de vacaciones, dejamos a un lado la prudencia y no nos importa fantasear más de la cuenta. Quizá porque los planes de chiringuito y las noches de verano tienen algo de especial. ¿Y por qué seguimos buscando esos crushes de verano, aunque tengamos claro que el flechazo tiene fecha de caducidad?

En verano, todo parece posible, aunque no lo sea

En verano, bajamos el ritmo y la guardia. Salimos más, socializamos más y no estamos tan pendientes de la rutina. Así que eso genera una sensación de apertura y estamos más dispuestas a conocer a alguien, con la esperanza de que esta vez sí salga bien.

Y esas crushes de verano aumentan en entornos hechos para nosotras, como festivales queer, fiestas, viajes, playas o el grupo en el que siempre aparece la amiga de la amiga.

Al crush de verano no le pedimos demasiada lógica

A nuestra crush de verano no podemos exigirle demasiado. Ni estabilidad, ni compromiso, ni apego, ni compatibilidad. Funciona porque se sostiene en el deseo, en la tensión y en la posibilidad.

Por ejemplo, el ligue que conoces durante un festival, la camarera de ese bar que has fichado en tu sitio de vacaciones, la chica del pueblo de tu amiga con la que has pasado varias noches… Como si el verano nos hiciera perder la razón de alguna manera.

Y sinceramente, estos vínculos también nos gustan. Las historias de amor no tienen que durar toda la vida, ni nuestras relaciones tienen que ser siempre intensas. Algunas historias sirven simplemente para recordarnos que seguimos siendo capaces de ilusionarnos, tontear y también hacer un poco el ridículo por esa chica que nos vuelve locas.

¿Por qué las lesbianas idealizamos lo breve?

‘Lo bueno, si es breve, dos veces bueno’. Un dicho popular que parece hecho para nuestras crushes de verano, porque, seamos sinceras, las lesbianas no destacamos precisamente por ser moderadas.

Nos basta una conversación profunda mirando el mar para construir nuestra propia narrativa e ilusionarnos, aunque sepamos que la historia no va a durar demasiado. Las crushes de verano encajan perfectamente en esa ‘tendencia’ porque son terreno fértil para el ‘yearning‘: poco tiempo, mucha intensidad y muchas cosas sin resolver.