Hay muchas situaciones que las lesbianas vivimos a diario y que pasan desapercibidas para el resto del mundo. Son microexperiencias que vivimos y leemos de manera diferente.
Y eso cambia desde cómo interpretamos una mirada hasta cómo nos sentamos en una terraza a tomar algo con una compañera. Lo que suele ser cotidiano para otras mujeres, para nosotros no suele serlo.
Leer constantemente las señales (aunque no quieras)
Una de las situaciones que vivimos las lesbianas tiene que ver con el radar interno (o ‘lesdar’) que todas tenemos y que se activa aunque no queramos. Cuando una amiga se acerca más de la cuenta, una desconocida mantiene la mirada unos segundos, una conversación parece que se sale de su cauce…
Aunque las lesbianas intentamos no malinterpretar este tipo de situaciones, a veces es inevitable que nuestra cabeza se haya imaginado ya varios escenarios posibles. Por supuesto, responde a un tipo de persona muy concreto, pero las lesbianas somos intensas para estas cuestiones.
Y lo curioso es que puede terminar generando cierta hiperconciencia social, que va desde cómo te comportas en espacios públicos hasta cuánto muestras de ti misma y cuándo.
Las cuotas que nunca son ‘solo planes’
Quedar a tomar algo con una chica que acabas de conocer nunca es ‘quedar a tomar algo y ya’. Si hay conexión entre dos mujeres, al final el límite entre la amistad, el interés o algo más se difumina bastante más que en otro tipo de relaciones.
Por eso, una de las situaciones entre lesbianas más reconocibles pasa por la vuelta a casa después de una cita en la que empezamos a reconstruir mentalmente todo lo que ha pasado (frases, gestos, silencios…). No tanto por inseguridad, sino porque nuestras relaciones en ocasiones son bastante ambiguas.
Lo que para una puede ser una quedada sin más, para la otra puede ser el comienzo de algo más. Y cuando esto ocurre, hay un problema.
La situación clásica entre lesbianas: ‘¿y cómo os conocisteis?’
Las lesbianas estamos acostumbradas a que nos hagan más preguntas de las habituales y a tener que contar nuestra vida mucho más de lo que lo haría una pareja hetero.
Así que, por inocente que sea la pregunta, ya tenemos que pensar qué contar, con qué nivel de detalle y cómo hacerlo natural sin tener que dar una clase sobre lesbianismo. El límite entre querer naturalizar la relación sin parecer un bicho raro o pasarte de la raya con detalles que no darías si tu pareja fuera un hombre.
Cuando el entorno asume cosas que no has dicho
Otra situación cotidiana en la que seguro que te reconoces: cuando tu entorno más cercano asume cosas que no han salido de tu boca. Por ejemplo, amigos que interpretan una amistad como algo más solo porque las dos sois lesbianas. O al revés, con familiares que hablan de ‘amigas’ porque ‘novias’ suena demasiado fuerte.
Así que eso nos obliga a estar alerta, a corregir y a aprender cuándo es mejor pasar desapercibidas y no perder energía en explicar las cosas.
Ningún Comentario