¿Te mudas de ciudad, te cambias de barrio o por fin te independizas? Si a partir de ahora te toca compartir piso siendo lesbiana, te damos los consejos que necesitas escuchar para vivir esta nueva etapa lo más tranquila posible.

El simple hecho de compartir piso requiere adaptarte a unos hábitos comunes, a las rutinas y a los horarios de tus compañeros (y ellos a los tuyos). Establecer turnos de limpieza en casa, hacer la compra, decidir si cocináis para todos o cada uno se hace su propia comida, qué cosas compartís y cuáles no… 

La cuestión es que para nosotras, es diferente si compartimos piso con otras lesbianas, con gente del colectivo LGTBIQ+ o con compañeras que son hetero. Aunque no lo parezca, hay algunas cuestiones que cambian, al menos al principio.

Cuando vives con otras lesbianas, desaparecen las explicaciones

No es que tengas que dar explicaciones constantes a tus compañeras de piso, pero con lesbianas es mucho más fácil, porque genera un espacio donde puedes tener muchas conversaciones sin filtros ni ponerlas antes en contexto. Por ejemplo, puedes contarles que has tenido una cita horrible con una chica que resultó ser una ‘unicorn hunter’, hablar de tu ex o quejarte de lo complicado que es conocer chicas.

Lógicamente, después puedes tener más o menos confianza con tus compis de piso, pero vivir con otras lesbianas suele dar pie a una mayor sensación de seguridad emocional. Sobre todo si llegas a un barrio o a una ciudad nueva, no conoces a muchas mujeres o es tu primera experiencia fuera de casa.

Para empezar, no entras en ese piso compartido como la ‘rara’, sino que lo haces en un entorno ‘lesbian-friendly’ y eso abre la puerta a una convivencia mucho más amigable desde el principio.

¿Y si compartes con gente del colectivo?

También hay muchas opciones de piso compartido que especifican en el anuncio que son ‘LGTBIQ+ friendly’. Es decir, que puedes encontrarte gays, lesbianas, bisexuales, transexuales, no binarias o simplemente con heteros que respetan completamente a las personas del colectivo.

Y eso ya hace que llegues a tu nuevo hogar con una base común de respeto y conciencia que facilita las cosas. Sin embargo, las lesbianas sabemos que pertenecer al colectivo no es sinónimo de tener una afinidad casi automática, porque cada una tenemos nuestros propios códigos y manera de vivir nuestra sexualidad.

Puede haber buena convivencia, pero también choques de personalidad, igual que en un piso con heteros. La diferencia está en que algunas conversaciones (salir del armario con la familia, ligues, seguridad al volver de noche, relaciones) pueden ser más fáciles.

La experiencia de vivir con heteros

No es mejor ni peor, simplemente diferente, y depende mucho de los compañeros de piso que te toquen. Si compartes piso con compañeras hetero, puedes dar con mujeres que sean respetuosas, abiertas y cero invasivas, y que no te juzguen por tu orientación sexual como tú no las juzgas a ellas.

Pero compartir piso siendo lesbiana también puede hacer que te sientas ligeramente observada si llevas a una chica a casa o que tengas que retroceder y aguantar los prejuicios que estás cansada de explicar. Quizá los mismos que tenías que soportar en casa con tu familia, aunque vengan con buena intención y disfrazados de ‘curiosidad’.