Hay muchas personas que huyen cuando escuchan la palabra ‘rutina‘, porque la asocian a la monotonía, a las obligaciones, incluso a una existencia triste. Pero la realidad es muy diferente, porque una buena rutina nos sostiene.

De hecho, para las lesbianas que tienen trabajos absorbentes, vínculos complicados, sobreestimulación digital y un desgaste diario, esa rutina puede poner las cosas en su sitio. Es más, la paz mental llega a través de pequeñas estructuras repetidas en el tiempo, cosas simples, pero consistentes. Y esos hábitos que te ayudan a organizar el día.

Dentro del colectivo, a veces las lesbianas cargamos con cierto cansancio, redes afectivas intensas, dificultad para desconectar, tendencia a sobrepensar, trabajos de cuidados invisibles dentro de la pareja o esa costumbre tan nuestra de intentar sostener emocionalmente a todo el mundo.

La rutina que mejor te sienta es la que no terminas odiando

No necesitas levantarte a las 5:30, beber agua con limón, meditar al sol ni escribir tres páginas de gratitud al día. Que sí, que todos los pequeños gestos y hábitos que nos ayuden a sentirnos mejor, ayudan, pero la rutina perfecta no la vas a encontrar en los gurús de redes sociales.

Una rutina que te dé paz debe ser sostenible en el tiempo, porque si no, la terminarás abandonando a los pocos días. Y te frustrarás. Por ejemplo, estos son algunos pequeños consejos para tener una rutina que de verdad mejore tu vida:

  • Desayunar sin el móvil.
  • Caminar 20 minutos al día.
  • Ordenar algún cajón o estantería en casa.
  • Tener una hora fija para ducharte con calma y hacerte tu rutina de skincare.
  • Cocinar dos veces a la semana.
  • Reservar una noche sin planes sociales.

Introduce rituales de desconexión en tu rutina

Muchas lesbianas, sobre todo las que sostienen pareja, amistades, chats infinitos, grupos, trabajo y media comunidad, parece que siempre tienen que estar disponibles. Siempre están contestando mensajes, socializando, acompañando… Y eso genera una presencia que es agotadora.

Por eso, una rutina en paz necesita momentos en los que no tengas que estar disponible ni accesible para todo el mundo. Por ejemplo, una hora con el móvil en modo avión, una cena a solas, leer antes de dormir, salir a caminar con tu música favorita, hacerte la skincare o quitar el Wi-Fi del móvil antes de dormir y dejarlo fuera del dormitorio. Tu cerebro lo agradece.

Tu casa también te ayuda a regularte

No hace falta que tengas una decoración al milímetro digna de una revista, pero lógicamente el entorno influye muchísimo en cómo te sientes. Si tienes una casa desorganizada o sin rincones para desconectar, dejarás de tener esos momentos de calma.

¿Y cómo crear rutinas de paz? Hay quien se siente mejor con la cama hecha, con una iluminación cálida antes de dormir, una esquina en el salón para leer, comida resuelta, la ropa organizada o aromas que asocies con el descanso.

De hecho, esto es más importante si compartes piso o vives con tu pareja, porque es imprescindible tener ese microespacio propio. La convivencia es estupenda, pero a veces necesitamos estar un rato a solas y sin hablar con nadie para regularnos.