Que a las lesbianas nos gustan las mujeres no es ningún secreto, pero hoy no venimos a hablarte solo de eso, sino de que hay mujeres que nos ayudan a construir nuestra identidad. Para las lesbianas, reconocernos en otras mujeres no es solo encontrar gente afín o parecida, es darnos cuenta de que no estamos solas en muchas cosas que creíamos que sí.

La mayoría de las veces, ocurre en las situaciones más cotidianas, en la forma de mirar, en anécdotas, en una pareja que ves por la calle o en una conversación con otra lesbiana que te cuenta exactamente la misma historia que tú has vivido.

El problema es que durante mucho tiempo hemos crecido sin muchas referentes. Las lesbianas han existido siempre, pero a veces las percibimos muy lejanas, irreales o caricaturizadas. Pero cuando empiezas a encontrarte con mujeres que viven, sienten, desean y dudan como tú, dejas de sentirte rara.

El placer de verte reflejada en otras lesbianas

Todas las lesbianas hemos experimentado alguna vez la sensación de alivio, ya sea al empezar a movernos en espacios lésbicos o al ampliar nuestro círculo. El alivio de descubrir que hay otras mujeres como tú, que no tienes manías ni eres rara. Y que hay otras mujeres que también han pasado meses dudando si esa chica que acaban de conocer les estaba tirando la caña o solo estaba siendo amable.

Reconocernos en otras lesbianas normaliza ciertas experiencias que, fuera del entorno LGTBIQ+, parecen invisibles. La intensidad de algunos vínculos, el peso de la mirada masculina ausente, la relación compleja con la feminidad, salir del armario más tarde de lo que toca, negociar con la familia que todavía no entiende ciertas cosas…

Cuando escuchamos a otras mujeres contar experiencias parecidas, sentimos alivio. Y eso tiene un impacto enorme en la manera de vivir.

La representación íntima también importa

Nos hemos pasado años reclamando referentes en series, cine, música y medios, y con razón. Pero quizá la representación cotidiana pesa mucho más que la mediática. Es decir, la que no viene de una pantalla, sino de una amiga, una compañera de trabajo, una creadora de contenido o una conocida que verbaliza las cosas que a ti te cuestan.

Porque no es lo mismo ver a una lesbiana ‘ficticia’ hablar de celos, maternidad o deseo en la pantalla que hacerlo en la vida real. Deja de ser aspiracional y pasa a ser una experiencia honesta con la que es fácil sentirte identificada.

Reconocerte en otras mujeres te permite existir con menos vigilancia

Cuando no tienes un espejo en el que mirarte, te observas más de la cuenta. Analizas si eres ‘suficientemente’ visible, si encajas, si estás haciendo las cosas bien, si tu forma de ser lesbiana coincide con lo que se espera de ti… Y no nos engañemos: es agotador.

En cambio, cuando encuentras mujeres diversas dentro del colectivo —más masculinas, femme, madres, solteras, mayores, jóvenes— entiendes que no hay una única manera válida de ser lesbiana.