Tomar la decisión de emprender no va solo de montar un negocio y conseguir clientes, mucho menos si eres lesbiana. Para nosotras, el esfuerzo es doble, porque sabemos perfectamente que la visibilidad, la red de contactos, la credibilidad y la financiación no juegan en igualdad de condiciones. Aún menos si queremos emprender siendo lesbianas y, por supuesto, mujeres.
A priori, la España actual es más inclusiva que la de hace 10 años, pero todavía hay zonas grises. El Instituto de las Mujeres señala que la visibilidad de lesbianas y bisexuales cae del 68,3% en la universidad al 55,8% en el entorno laboral. Es decir, que muchas nos pensamos dos veces cuánto podemos enseñar de nosotras mismas si de eso depende nuestra estabilidad o el dinero que ganemos a fin de mes.
¿Y el autoempleo es una vía interesante? Se supone que sí, porque si diseñas tu propio espacio, puedes ser más tú que si trabajas con una empresa, aunque si emprendes siendo lesbiana, también tendrás que relacionarte con otras empresas y proveedores. Ya sea una marca queer, una consultoría, un estudio creativo o cualquier empresa que no tenga nada que ver con el entorno LGTBIQ+.
Emprender siendo lesbiana es sinónimo de libertad
La decisión de emprender, en ocasiones, es consecuencia de estar cansada de techos invisibles y de que se nos juzgue con otros ojos por ser lesbianas y además reivindicar nuestra identidad. Hay estudios laborales que señalan que existe discriminación al ‘cruzar’ el género y la orientación sexual, lo que afecta sobre todo a la hora de acceder a puestos de mayor responsabilidad, a la percepción de autoridad e incluso a la confianza que despertemos ante clientes e inversores.
Traducido a nuestro lenguaje: no es suficiente con ser buenas profesionales, sino que tenemos que ser discretas en entornos heteronormativos, que siguen premiando el perfil ‘neutro’ que encaja en la norma.
Sin embargo, emprender siendo lesbianas puede ser una buena manera de cortar esa dependencia. Lógicamente, siempre vamos a enfrentarnos a sesgos, pero al menos serás tu propia jefa y podrás decidir en qué proyectos quieres trabajar.
¿Negocio queer o algo más amplio?
Hay cierta presión dentro y fuera del colectivo por pensar que, si eres lesbiana y emprendes, tu proyecto debería tener una dimensión activista o estar dirigido de algún modo a un público LGTBIQ+. Y no, no necesariamente.
La orientación sexual en ningún caso determina el sector, pero sí que puede influir (y mucho) en las decisiones que tomes. Una emprendedora lesbiana puede tener más sensibilidad hacia temas como los cuidados laborales, las relaciones horizontales, los protocolos de no discriminación o la comunicación inclusiva. Cultura de empresa, al fin y al cabo.
De hecho, desde abril de 2025, las empresas españolas de más de 50 trabajadores están obligadas a negociar medidas concretas de igualdad y no discriminación LGTBI, lo que lleva también a que negocios más pequeños pongan la diversidad en el centro. A menudo, porque esa diversidad forma parte de la vida y de los valores de sus dueñas.
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