Las mujeres que se identifican como no heterosexuales son más visibles. No necesariamente significa que haya más que hace unos años, pero ahora tenemos más formas de nombrarlo y etiquetas mucho más claras. Y eso cambia las estadísticas y también las conversaciones.

Más referentes y más posibilidades de nombrarse

La primera palabra de la que debemos hablar es visibilidad. Hoy en día, las mujeres no heterosexuales tienen más referentes que nunca en medios, redes, culturas pop, comunidades… Esto normaliza las identidades y pone palabras a experiencias que antes se vivían en silencio.

Así que ver historias muy parecidas a las tuyas pone nombre a sentimientos, vínculos o atracciones que quizá no habías terminado de encajar. Claro que antes existían esas identidades, pero no éramos tan capaces de reconocerlas, al menos sin demasiado ruido alrededor.

Cambios generacionales y mayor apertura social

Las nuevas generaciones han crecido en un entorno mucho más abierto en lo que a diversidad sexual se refiere. Así que el proceso de cuestionamiento es algo más fácil para las mujeres no heterosexuales y menos solitario.

No es que sea más sencillo, porque todavía hay contextos en los que ser hetero sigue siendo la norma, pero tenemos más herramientas para explorar nuestra identidad y quiénes somos sin miedo.

También influye el cambio en las conversaciones sociales, ya sea al hablar de orientación sexual, relaciones o identidad de género. Estos temas se abordan con mucha más naturalidad que antes, así que desaparece en cierto modo la presión por encajar en un único modelo.

Lesbofobia y bisexualidad: dos realidades que influyen

Si hablamos de mujeres no heterosexuales, tenemos que hablar de cómo ciertas dinámicas nos afectan a las lesbianas y también a las mujeres bisexuales.

En nuestro caso, la lesbofobia sigue presente, a veces de forma sutil y otras mucho más explícita, lo que puede generar procesos de identificación más largos, sobre todo en entornos en los que no hay referentes o donde la heterosexualidad se da por sentada.

Por otro lado, las mujeres bisexuales están invisibilizadas en cierto modo o se tiende a cuestionar más su identidad. Y eso lleva a que muchas no se identifiquen de inmediato o que lo hagan más adelante, cuando se sienten cómodas en un espacio que no invalida su experiencia.

El papel de la exploración sexual

Cada vez más mujeres no heterosexuales atraviesan procesos de exploración más conscientes. El camino no siempre es lineal, ni tiene que serlo, porque hay quien descubre lo que le gusta en la adolescencia, otras en la adultez y algunas más después de vivir experiencias concretas que les hacen replantearse lo que daban por hecho.

Hay mujeres que se identifican como lesbianas, otras como bisexuales y también las hay que prefieren no definirse con ninguna etiqueta, y esa flexibilidad también forma parte del momento actual. Además, tenemos que interiorizar que explorar y descubrir quiénes somos no significa que estemos perdidas ni que avancemos sin rumbo. Es un ejercicio de autoconocimiento brutal que todo el mundo debería hacer en algún momento de su vida.