Hay muchas maneras de conectar con otra mujer, y no todas son historias intensas. Al revés. Son los detalles pequeños, imperceptibles en muchas ocasiones, los que suelen marcar la diferencia y esa sensación de complicidad que aparece sin forzarla.
Las lesbianas normalmente construimos nuestras relaciones desde experiencias compartidas, formas de comunicarnos y cierta sensibilidad. Y ojo, no significa que nuestras relaciones sean más profundas ni mejores, pero sí que nos relacionamos bajo otros códigos.
La comunicación que fluye sin ‘traducciones’
Uno de los primeros detalles que aparecen al conectar con otra mujer es la facilidad para comunicarnos. Obviamente, cada pareja es un mundo, pero por lo general las mujeres somos más comunicativas y tenemos la responsabilidad afectiva más trabajada.
No hay tantos silencios incómodos, escuchamos de otra manera, el ritmo de la conversación es diferente… No es necesario simplificar ni adaptar tanto el mensaje para que la otra persona lo entienda. Hay una base común desde la que partimos las lesbianas que hace que la relación fluya con absoluta naturalidad.
Conectar con otra mujer desde lo cotidiano
Hay pequeños gestos cotidianos que generan conexión entre dos mujeres, como miradas cómplices, comentarios que tienen sentido en vuestro contexto e incluso la forma de compartir espacios.
Lógicamente, la complicidad también se trabaja y se construye, pero es muy fácil de reconocer. Es una forma de estar con la otra persona sin presión, sin expectativas tan rígidas y con cierta comodidad que no siempre aparece en otros vínculos.
El resumen es que, al conectar con otra mujer, no hace falta que todo sea especial para que lo sea.
El cuidado de los pequeños detalles
Por lo general, las mujeres somos más detallistas y prestamos más atención a los pequeños detalles y a lo que parece insignificante para otros. No necesariamente desde un punto de vista romántico, sino desde una forma mucho más consciente de relacionarnos.
Por ejemplo, algo tan sencillo como interesarte por cómo está la otra persona, recordar cosas que dijo que le gustaban, estar presente en momentos concretos… Aunque sean detalles básicos, no siempre se dan con esa naturalidad. Ese tipo de cuidado suele generar un vínculo más sólido, porque está basado en la atención mutua.
El reconocimiento en la experiencia compartida
Hay algo muy específico en conectar con otra mujer dentro del colectivo, como es el reconocimiento. Es decir, saber que la otra persona (de una manera u otra) ha pasado por un proceso similar.
No hace falta que sean historias idénticas, basta con haber pasado por un proceso de salir del armario, gestionar la visibilidad, entender las dinámicas sociales o simplemente haber transitado por espacios donde no siempre te sentías representada.
La sensación de naturalidad al conectar con otra mujer
Quizá uno de los detalles más difíciles de describir, pero más fáciles de sentir al mismo tiempo, es la naturalidad. Cuando no tienes que forzar conversaciones, ni actitudes, ni versiones de ti misma.
Al conectar de verdad con otra mujer, suele aparecer esa sensación de calma y de saber que puedes ser tú misma sin tener que medir cada palabra. Y eso tiene mucho más valor si tenemos en cuenta que muchas partimos de un contexto al que hemos tenido que adaptarnos o explicar quiénes somos.
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