Esta es una de las preguntas que más nos hacemos: ¿el feminismo tiene en cuenta a las lesbianas? Defiende nuestros derechos como mujeres, pero nuestra presencia dentro del discurso feminista más mainstream (como lesbianas) no tiene tanta fuerza como nos gustaría. Y ya sabemos por experiencia que lo que no se nombra, se vuelve invisible.

Esta pregunta lleva décadas existiendo, y ya se la hacían las lesbianas que vivieron el feminismo radical de los años 70. Se repiten hoy también en redes sociales y en espacios activistas. La realidad es que no todas las experiencias que vivimos las mujeres ocupan el mismo espacio dentro de la corriente mayoritaria del feminismo.

¿Inclusión teórica o ausencia práctica?

En teoría, el feminismo contemporáneo es interseccional, pues habla de diversidad, de identidades y de orientaciones sexuales. A priori, las lesbianas estamos dentro del discurso, pero si lo bajamos a lo más concreto (discursos públicos, campañas institucionales, representación mediática), la presencia lésbica no suele ser tan proporcional.

Por ejemplo, muchas campañas sobre violencia de género están centradas únicamente en relaciones heterosexuales. Y sí, la violencia machista es estructural, mayoritaria y creemos que toda campaña es bienvenida. Eso sí, no a costa de dejar fuera otras realidades, pues las relaciones entre mujeres existen, tienen dinámicas propias y necesitamos que se nombren.

Además, aquí aparece un concepto con el que llevamos años peleando dentro del colectivo, como es el de lesbofobia específica. No es lo mismo ser mujer hetero que ser mujer lesbiana. Si el feminismo no nombra esas diferencias, corremos el riesgo de simplificar experiencias que en realidad son más complejas.

El peso de la heteronorma dentro del feminismo actual

Puede sonar incómodo, pero la heteronormatividad no desaparece solo por estar presentes en un espacio feminista. Es cierto que normalmente se vuelve más sutil, pero sigue presente. Lo notamos, por ejemplo, al contar que tenemos pareja y que todo el mundo crea que se trata de un hombre.

También cuando las referencias culturales son principalmente hetero, cuando nuestras historias lésbicas se consideran de segunda, incluso dentro de espacios que a priori son inclusivos.

Este fenómeno tiene nombre, y es el borrado lésbico. Sabemos que no siempre se realiza con mala intención, pero lógicamente tiene consecuencias. Si no nos vemos reflejadas en el discurso, si no escuchamos nuestras experiencias y si no hablamos de deseo entre mujeres desde un lugar propio, nuestro mensaje pasa a un segundo plano.

Feminismo y lesbianas: ¿falta de espacio o de foco?

Cuando decimos que el feminismo no nombra lo suficiente a las lesbianas, no negamos sus avances, ni el camino recorrido en los últimos. Queremos estar incluidas en el discurso y también estar presentes con voz propia. Que nuestras experiencias no aparezcan solo en fechas señaladas o como un ejemplo de diversidad, sino como parte importante del discurso feminista.

¿El secreto? Escuchar más y asumir menos. Dar espacio a voces lesbianas dentro del feminismo para que sea más preciso, más realista y también más fuerte.