El 8 de marzo, Día Internacional de la Mujer, está a la vuelta de la esquina y, un año más, volvemos a tener el mismo ‘debate’ dentro del colectivo. Muchas lesbianas sentimos que el feminismo mainstream no nos representa al 100% porque no habla de nosotras.

Ojo, no estamos en contra del feminismo (todo lo contrario), pero sí que somos conscientes de que el discurso dominante deja fuera parte de nuestras experiencias.

Es una cuestión que llevamos reclamando años, porque aunque muchas mujeres tenemos reivindicaciones parecidas, la orientación sexual cambia por completo la manera de vivir el género, las relaciones y la presión social. Igual que lo hace ser racializada o trans.

¿Qué es el feminismo mainstream?

El feminismo mainstream es el que se refiere al feminismo que domina el debate público, es decir, el que aparece en medios de comunicación, en campañas institucionales o discursos públicos. Es el feminismo más visible, el que llega al mayor número de personas y suele simplificar mensajes para que sean más fáciles de entender por el público general.

Por un lado, esa visión pone temas importantes en la agenda pública (brecha salarial, violencia machista). Por otro lado, simplificar tanto la historia tiene otros daños colaterales. Si un discurso intenta representar a todas las mujeres, seguramente tome como referencia una base muy concreta, que suele ser la de las mujeres heterosexuales, cis y que forman parte de una estructura familiar tradicional. Y aquí es donde las mujeres lesbianas sentimos que nos quedamos fuera.

La heterosexualidad es el punto de partida de este feminismo

Una de las razones que explica que hayamos tomado cierta distancia con el feminismo mainstream es la heteronormatividad. Es decir, la idea de que la heterosexualidad es la norma por defecto. Incluso dentro del feminismo.

En muchos discursos del feminismo mainstream, la relación con los hombres sigue siendo el eje central. Por ejemplo, la desigualdad en pareja, el reparto de los cuidados en matrimonios heterosexuales o las expectativas sobre la maternidad. Son problemas reales que deben estar en la agenda pública, por supuesto, pero no siempre reflejan la realidad de mujeres que tienen relaciones con otras mujeres.

Para nosotras, el patriarcado se manifiesta también haciéndonos invisibles, teniendo demasiados fetiches, presiones familiares o los comentarios que relegan nuestra orientación sexual a una ‘fase‘.

Invisibilidad incluso dentro del movimiento feminista

Otro aspecto que se repite mucho dentro del activismo lésbico es la sensación de ser invisibles, tanto en la sociedad en general como en espacios feministas. Incluido el feminismo mainstream.

Por ejemplo, cuando se habla de mujeres y sus parejas, y siempre damos por hecho que esas ‘parejas’ son hombres. O cuando las relaciones entre mujeres ocupan un espacio mínimo simplemente por cumplir.

No quiere decir que el feminismo mainstream excluya abiertamente ni activamente a las lesbianas. El problema es que la cultura dominante sigue siendo la heterosexual y lo que se da por hecho, y el resto de preocupaciones de mujeres que no somos heteros son una excepción.