La memoria lésbica nunca ha ocupado demasiado espacio en los libros de historia, ni mucho menos en los archivos y relatos oficiales. Básicamente, porque siempre han borrado nuestras experiencias, sentimientos y formas de existir, y han sido otros los que han decidido por nosotras qué parte de la historia merecía ser contada.
Sin embargo, hoy es 9 de junio, Día Internacional de los Archivos, y una fecha perfecta para recordarnos cómo han conservado nuestra historia a lo largo de los años.
Y ojo, no imagines los archivos únicamente como documentos antiguos o expedientes. Un archivo histórico puede contener cartas de amor entre mujeres, fotos privadas de parejas que nunca pudieron amarse libremente, revistas del colectivo, pancartas de manifestación o testimonios de activistas que abrieron camino mucho antes de que existieran las redes sociales. Esa es la memoria lésbica que debemos y queremos conservar.
Nuestra historia también está en los archivos
Uno de los principales problemas con los que siempre se han encontrado las personas que han decidido investigar la historia lésbica es con el famoso pseudónimo. Las mujeres no podían mostrarse públicamente como lesbianas. En muchos países, las relaciones entre mujeres eran invisibles, ignoradas, interpretadas desde otras perspectivas y, hasta hace no mucho tiempo, castigadas con todo el peso de la ley.
Por este motivo, nuestras fuentes no son las enciclopedias ni los libros de historia. Son detalles mucho más pequeños y privados: las cartas, los diarios personales, las fotografías en blanco y negro… Todo eso nos da muchas pistas sobre cómo vivían, amaban y se relacionaban las mujeres lesbianas en distintas épocas.
Los archivos son los que ahora reúnen toda esa información para que podamos tener una perspectiva mucho más amplia y completa de nuestra historia. Gracias a ellos, sabemos cuáles eran los espacios de encuentro, las redes de apoyo, cómo se construía el activismo y qué formas de resistencia había.
Fanzines, revistas y activismo
Si algo nos ha caracterizado durante décadas es nuestra capacidad para crear espacios de expresión. Antes de internet y de las redes sociales, ¿dónde encontrábamos información y referencias culturales? Normalmente, en revistas independientes, boletines y fanzines elaborados por el propio colectivo.
Esas publicaciones son documentos históricos en los que encontramos información sobre visibilidad, derechos, feminismo, salud sexual o representación cultural. Lo mismo ocurre con los carteles, folletos, fotos de manifestación o material de asociaciones lésbicas. Lo que en su momento fue un recurso de una campaña en concreto, hoy nos permite entender cómo ha evolucionado el activismo lésbico y cuáles fueron las reivindicaciones en cada época.
Cuidar la memoria lésbica también es una forma de resistencia
No podemos asociar la memoria histórica únicamente con los grandes acontecimientos políticos. Las experiencias cotidianas y más sencillas son lo que hoy nos permite hablar también de memoria lésbica.
Uno de los problemas con los que nos encontramos es que muchas lesbianas evitaron dejar rastro de sus historias por miedo al rechazo social o a consecuencias aún peores. Así que esa pérdida documental nos ha impedido reconstruir historias que, estamos seguras, hoy tendrían muchísimo valor para el colectivo (y para la sociedad en general).
Así que aprovechemos la memoria y los archivos para reivindicar nuestras historias y darles el peso y el espacio que merecen en la sociedad.
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