¿La lactancia materna es solo cosa de una madre y su bebé? No exactamente, porque asumir esto significa dejar fuera muchas otras realidades, como las parejas de mujeres que deciden tener hijos.

En una familia de lesbianas pueden darse distintas circunstancias: que solo amamante una madre, que ambas lo hagan en distintos momentos e incluso que ninguna de las dos opte por dar el pecho. Hay muchas formas de criar (no todas empiezan ni terminan con la alimentación) y muchas más de construir un vínculo.

Con motivo de la Semana Mundial de la Lactancia Materna, vamos a poner el foco en todas esas maternidades que no suelen verse (aunque existen), en los recursos sanitarios o las conversaciones del día a día. La lactancia materna también es sinónimo de corresponsabilidad, acompañamiento y reconocer todas las formas de formar una familia.

Cuando solo una madre da el pecho y las dos crían

En la mayoría de familias formadas por dos madres, suele ser una de ellas la que gesta y amamanta al bebé. Pero eso no significa que la otra madre sea secundaria ni que no aporte nada en esos primeros meses de vida del menor.

La madre no gestante también participa en la lactancia materna: puede encargarse del contacto piel con piel, ayudar en las tomas nocturnas, ocuparse de las tareas domésticas, sostener emocionalmente a la pareja o crear un entorno tranquilo para que la lactancia sea más sencilla. Ese trabajo, aunque pase desapercibido, es igualmente imprescindible.

Es más, existen estudios sobre el apoyo a la lactancia que muestran que cuando la madre que amamanta se siente acompañada y respaldada, aumentan las probabilidades de alargar la lactancia.

La lactancia inducida: una opción que no todas las lesbianas conocen

No todas las familias saben que existe la posibilidad de que la madre no gestante también pueda producir leche materna a través de un proceso conocido como lactancia inducida.

Es un procedimiento en el que se estimula el pecho y, en algunos casos, va acompañado de tratamiento hormonal y medicación. Aunque no siempre se consigue una producción completa de leche al nivel de la madre gestante, sí que es suficiente para amamantar al bebé o para complementar la alimentación.

El vínculo madre-hijo no depende solo del pecho

Uno de los mitos más extendidos en todo tipo de relaciones es que quien da el pecho crea un vínculo más fuerte con el bebé, pero la evidencia científica lleva años desmontando esta idea.

Los niños desarrollan el apego a través de los cuidados: responder al llanto, sostener, acariciar, hablar, jugar, dormir cerca o atender las necesidades emocionales de los niños. La alimentación es una parte más de ese vínculo, pero no la única.

En muchas familias lesbianas aparece, además, el miedo de la madre no gestante a sentirse desplazada durante los primeros meses de vida por la lactancia materna. Es completamente comprensible, pero la realidad es más sencilla y las dudas desaparecen cuando las dos encuentran su propio espacio dentro de la crianza y distribuyen los cuidados.