El vocabulario nunca ha sido ni será algo inocente. Las mujeres lesbianas sabemos muy bien el poder que tienen las palabras, tanto las que usamos para nombrarnos entre nosotras como el peso que cargamos por cómo nos nombran los demás.

Ayer, 8 de septiembre, fue el Día Internacional de la Alfabetización, que consideramos que va mucho más allá de saber leer y escribir. Va también de entender el peso que tienen las palabras y cómo pueden cambiar nuestra manera de mirar la realidad.

De los insultos a la reapropiación

‘Marimacho’, ‘bollera’, ‘tortillera’… Son algunas de las palabras con las que muchas hemos crecido. Por ejemplo, ‘marimacho’ no habla de nuestra orientación sexual como tal, pero sí que es una forma de señalar a las lesbianas que tienen una expresión de género más masculina.

Igual que ‘tortillera’ o ‘bollera’. Sin embargo, el colectivo va por delante y en los últimos años nos hemos apropiado de ese vocabulario ofensivo, le hemos dado un nuevo significado desde dentro y le hemos quitado su poder como insultos. Eso sí, también hay mujeres que no se sienten cómodas con este proceso.

‘Lesbiana’ ya no es una palabra que se susurra

Durante mucho tiempo, hasta la palabra ‘lesbiana’ tuvo una carga muy negativa. No era raro encontrar textos que evitaran utilizarla directamente y recurrieran a eufemismos, como ‘mujeres que aman a otras mujeres‘ o expresiones ambiguas que parecían tener miedo de nombrar la realidad.

Para muchas de nosotras, definirnos o presentarnos ante alguien como ‘lesbianas’ es solo una forma de visibilidad. Una palabra clara, política y necesaria para que las mujeres lesbianas dejemos de ser invisibles. Normalización pura y dura.

Sáfico: nuevas palabras para nombrarnos

A nuestro vocabulario también han llegado nuevos términos, como ‘sáfico‘ —es más antiguo de lo que parece—, cada vez más presente en redes sociales, espacios culturales y conversaciones dentro del colectivo.

‘Sáfico’ procede de Safo de Lesbos, y es un término paraguas para hablar de experiencias entre mujeres que incluyen, entre otras, a lesbianas y bisexuales. Se utiliza mucho en internet y entre las generaciones más jóvenes.

Sin embargo, hay lesbianas que consideran que ‘sáfico’ define una realidad mucho más amplia. Otras piensan que es una manera de no decir claramente que somos lesbianas, precisamente cuando aún necesitamos nombrarnos de manera específica.

Las palabras cambian, pero los prejuicios también se adaptan

La evolución del lenguaje no se da únicamente dentro del colectivo. Hemos avanzado y hoy recibimos menos insultos, o al menos hay más reparo para decirlos de forma pública, pero sigue habiendo expresiones y maneras de hablar que reproducen estereotipos, aunque sea sin maldad.

Por ejemplo, asumir que una mujer lesbiana ‘parece heterosexual’ porque tiene una apariencia más femenina, hablar de ‘confusión’ para referirse a las mujeres bisexuales o convertir la expresión de género en un medidor de la orientación sexual.

El vocabulario, y más en un día como el de ayer, implica aprender a detectar lo que hay detrás de las palabras. Al final, el lenguaje cambia porque cambia la sociedad, pero también puede contribuir al cambio que buscamos.