Las preocupaciones que tenemos como lesbianas son muy parecidas a las que puede tener una mujer en la sociedad en la que vivimos o una persona preocupada por la crisis de la vivienda. Y lógicamente, también nos afecta el retroceso de derechos y los discursos de odio que van en contra del colectivo LGTBIQ+ y que nos quitan libertad.
La vivienda preocupa a las lesbianas
El precio de la vivienda es una de las principales preocupaciones en España, y las lesbianas no somos ajenas a ello. Sabemos muy bien lo complicado que es encontrar un alquiler asequible, comprar una casa o poder independizarnos con nuestra chica sin tener que compartir piso con varias personas más.
Y todo lo que implica, porque si no podemos tener una vivienda digna, ni siquiera nos planteamos hacer planes de futuro o pensar en formar una familia (con nuestra chica o solas).
Además, las lesbianas siempre lo hemos tenido más difícil para iniciar un proyecto de vida en pareja, en comparación con las mujeres hetero. Aunque el matrimonio igualitario está plenamente asentado en nuestro país, no todas las familias son igual de seguras ni de abiertas.
La discriminación tampoco ha desaparecido
En las últimas décadas hemos avanzado muchísimo en materia de igualdad, pero todavía queda mucho camino por recorrer para que la lesbofobia desaparezca por completo. De hecho, todas la hemos sufrido en mayor o menor medida: comentarios, preguntas incómodas, invisibilización, situaciones de discriminación más evidentes…
Hay espacios y lugares en los que tenemos que estar alerta o al menos valorar si es buena idea darle la mano a nuestra chica o preferimos evitar conflictos.
También nos preocupa el retroceso de derechos LGTBIQ+ y el aumento de discursos que cuestionan avances que hace unos pocos años no se nos hubiera ocurrido cuestionar.
Tener hijos no es sencillo para todas
La maternidad es otra de las preocupaciones del colectivo. Las lesbianas tenemos distintas opciones a nuestra disposición para formar una familia, aunque el proceso no es ni sencillo ni barato.
Toca decidir la técnica de reproducción asistida, quién será la madre gestante, gestionar todos los trámites legales y a todo esto se suma que hay diferencias importantes entre comunidades autónomas.
Ni que decir tiene que no todas las mujeres quieren ser madres. Y las que deciden no serlo, también tienen que cargar con la presión social y justificar continuamente su decisión.
El trabajo, el dinero y el futuro nos preocupan a las lesbianas
La estabilidad laboral y económica no entiende de orientación sexual, aunque siempre habrá colectivos más vulnerables que otros. Por desgracia, las lesbianas también tenemos que lidiar con los salarios bajos, la precariedad, la dificultad para acceder a una vivienda y la incertidumbre sobre qué pasará en el futuro con las pensiones.
Y aunque el último de nuestros problemas debería ser tener que salir del armario en el trabajo, también se suma a la lista. De hecho, somos muchas las que aún nos pensamos dos veces si contar en el trabajo que somos lesbianas o que tenemos pareja. No solo por miedo al rechazo, sino porque preferimos ahorrarnos explicaciones y preguntas incómodas.
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