«Ya está todo conseguido». Es una frase que todas hemos escuchado en algún momento y que se repite ahora que llega el Orgullo, cuando más hablamos de derechos LGTBIQ+ o cuando alguien cuestiona por qué siguen siendo necesarias determinadas reivindicaciones.
Sí, en España es legal el matrimonio igualitario desde hace más de 20 años, las parejas de mujeres podemos formar una familia, adoptar y tenemos más visibilidad que hace unas décadas.
Pero la igualdad legal no significa que haya igualdad real. Aunque hayamos avanzado mucho (y este Orgullo tenemos que seguir celebrándolo), no está todo hecho. No han desaparecido todas las barreras, prejuicios ni desigualdades. ¿Qué tenemos que responder cuando alguien nos diga que «ya está todo conseguido»?
Que tengamos derechos no elimina la discriminación
Las leyes y la realidad de la sociedad no avanzan al mismo ritmo. En pleno 2026, una pareja de mujeres se puede casar y puede tener hijos, pero eso no significa que todas puedan mostrar afecto en público sin pararse a pensar dos veces dónde están o quién las rodea. Las lesbianas seguimos valorando el contexto antes de dar la mano a nuestra chica en público o tener cualquier gesto de cariño.
Tampoco han desaparecido los comentarios invasivos —»eso es una fase, ya se te pasará», «eso es porque no has estado con ningún hombre»—, que sexualicen nuestras relaciones o tengamos que soportar preguntas y comentarios que no le harían nunca a una pareja hetero.
La invisibilidad lésbica sigue siendo un problema
Somos justas al reconocer que la representación lésbica ha mejorado mucho en los últimos años, pero hay muchas lesbianas que aún se sienten invisibles.
Sigue habiendo entornos en los que se presupone que somos hetero (consultas médicas, conversaciones en el trabajo, con la familia) y nos toca decidir si corregimos esa suposición o la dejamos pasar una vez más.
Además, esa visibilidad no es igual para todas. Las lesbianas mayores, las racializadas, las que viven en zonas rurales o pertenecen a colectivos minoritarios sufren una doble discriminación, incluso triple: por ser lesbianas, por ser mujeres y, en ocasiones, por su condición específica.
No han desaparecido los delitos de odio ni el rechazo social
La LGTBIfobia sigue existiendo. Aunque España es uno de los países más avanzados en derechos, se siguen produciendo agresiones, insultos y situaciones de discriminación solo por la orientación sexual o la identidad de género.
Y no nos estamos refiriendo únicamente a violencia física, porque la violencia verbal (burlas, exclusión social, acoso en redes, comentarios aparentemente inofensivos) también nos afecta psicológicamente.
Por eso mismo no está todo conseguido y la educación y la sensibilización siguen siendo tan necesarias como los avances legislativos.
Reconocer los avances no significa ignorar lo que queda por hacer
La mejor respuesta para los que afirman que «ya está todo conseguido» es precisamente esa: reconocer los avances y ser sinceras con lo que todavía nos falta. Vivimos hoy una realidad más libre que la de generaciones anteriores, gracias a su lucha, pero también es cierto que sigue habiendo desigualdades, prejuicios e invisibilidades que afectan a muchas mujeres dentro y fuera del colectivo.
Y nuestra lucha de hoy será el legado (y los derechos) que dejaremos a las generaciones futuras.
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