¿Has oído hablar del síndrome del impostor? Es un concepto que asociamos mucho más al ámbito laboral cuando pensamos que no nos merecemos un puesto de trabajo o que alguien descubrirá que no somos tan buenas como parece. Sin embargo, esa sensación puede aparecer igualmente en otras áreas de nuestra vida.
Por ejemplo, al salir del armario. Aunque llevemos años sabiendo quiénes somos, el momento de contárselo a amigos, familiares o simplemente de dejar de escondernos hace que algunas mujeres sientan que no son «lo suficientemente lesbianas». Que han llegado tarde, no encajan, no hay espacio para ellas o están ocupando un lugar que no les corresponde.
¿Por qué aparece el síndrome del impostor?
El síndrome del impostor aparece normalmente por la comparación y la inseguridad. Si durante muchos años has reprimido tu orientación sexual y has vivido fingiendo que eres hetero (o al menos sin ser 100% libre), puede que ahora sientas que vas con retraso frente a lesbianas más mayores o que han sido visibles desde el principio.
Es consecuencia también de no tener tantas referentes como nos gustaría. Es decir, hay muchos prejuicios sobre las lesbianas (cómo es su personalidad, cómo viste, cómo se relaciona con otras mujeres…) y es normal que te sientas desubicada si tu manera de vivir la sexualidad no encaja con ese relato.
Otra situación en la que suele aparecer el síndrome del impostor es al acudir por primera vez a espacios sáficos o empezar a conocer a otras lesbianas. Sentirás que todo el mundo a tu alrededor tiene las cosas muy claras y que tú aún estás «aprendiendo a ser lesbiana». Pero no todo es lo que parece, ni una lesbiana que lleve años fuera del armario está libre de prejuicios o de sentir el síndrome del impostor en algún momento.
Las dudas no invalidan quién eres
Una de las trampas de este síndrome es que te hace creer que las dudas significan que estás equivocada, y no es así.
Puedes haber tenido relaciones con hombres, haberte dado cuenta de que eres lesbiana a los 20, a los 35 o a los 60 años. Quizá todavía estás descubriéndote, no has decidido cómo quieres vivir tu sexualidad o no has salido del armario con todo tu entorno. Nada de esto te mete en el saco de ser «menos lesbiana».
Un consejo para cuando el síndrome del impostor se apodere de ti: la orientación sexual no va condicionada a las parejas que has tenido ni al tiempo que lleves fuera del armario. Eres igual de lesbiana aunque nunca te hayas liado con una mujer o no hayas tenido una relación seria.
Consejos para dejar de sentir que eres una ‘intrusa’
Salir del armario, según el entorno y el lugar en el que vivas, no es para nada sencillo. Así que dejar que el síndrome del impostor se cuele en tu vida solo añade presión sobre tus hombros. Estos son nuestros consejos:
- Deja de compararte con otras lesbianas, porque cada una tenemos nuestro propio camino. De hecho, detrás de las lesbianas más seguras de sí mismas, en muchos casos se ‘esconden’ muchos años de dudas y trabajo personal.
- Encuentra tus propios referentes: en la literatura, pódcast, creadoras de contenido, empieza a compartir tus experiencias, miedos o dudas con otras lesbianas… Te darás cuenta de que no hay una única forma válida de vivir tu orientación sexual.
- Recuerda que nadie nace sabiendo, y que aprenderás códigos, referencias y tu propia manera de estar en el mundo a medida que pase el tiempo. No tienes por qué saberlo todo desde el primer día.
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