Ser mujer, indígena y lesbiana en la sociedad que vivimos supone convivir con diferentes ‘identidades’, que influyen en la manera de relacionarse con la sociedad, las instituciones y con la propia comunidad. Lógicamente, ser indígena no significa lo mismo en todos los lugares, ni todas las mujeres lesbianas deciden vivir su orientación sexual de la misma manera.
Este sábado 5 de septiembre es el Día Internacional de las Mujeres y las Niñas Indígenas del Mundo, una jornada que la Asamblea General de Naciones Unidas proclamó en noviembre de 2025. Esta fecha nos sirve para poner en valor las experiencias de las 185 millones de mujeres indígenas que hay en todo el mundo, según datos de la ONU, y que siempre han tenido muy poca representación.
La interseccionalidad importa
El concepto de interseccionalidad explica cómo pueden ‘convivir’ distintas formas de discriminación y cómo se refuerzan. Por ejemplo, en el caso de las mujeres indígenas, Naciones Unidas reconoce que pueden sufrir desigualdades relacionadas con el género, el origen o la identidad indígena, la situación económica, la edad, la lengua o el lugar de residencia.
Es más, la Recomendación general nº 39 del Comité para la Eliminación de la Discriminación contra la Mujer (CEDAW) menciona de forma expresa a las mujeres indígenas lesbianas, bisexuales, trans e intersexuales. Señala que estas mujeres se tienen que enfrentar a formas interseccionales de discriminación y pide a los Estados que las tengan en cuenta en sus políticas de igualdad.
Básicamente, porque lo habitual suele ser tratar por un lado las políticas para las mujeres y, por el otro, las de los pueblos indígenas y la diversidad sexual. Por tanto, deja fuera muchas realidades e identidades.
Los datos nos acercan a las desigualdades que ya existen
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), las mujeres indígenas tienen más presencia en la economía sumergida y más dificultades para acceder a empleos con derechos y protección social. En los datos que ha analizado la organización, el 87% de las mujeres indígenas ocupadas trabajaba en negro, frente al 61% de las mujeres no indígenas.
Además, solo el 24,4% de las mujeres indígenas tenía un empleo asalariado en el momento de hacer el informe, frente al 51,1% de las mujeres no indígenas.
Y no podemos abordar esta cuestión únicamente desde el punto de vista económico. El informe de la OIT ‘Realidades de las mujeres indígenas: una mirada desde el Navegador Indígena’, que se basa en información procedente de 11 países de África, Asia y Latinoamérica, identifica desigualdades en educación, trabajo, protección social y participación en la sociedad. A la vez, asumen un papel de líderes dentro de sus comunidades.
¿Y qué ocurre para las mujeres indígenas que además son lesbianas?
El problema es que faltan datos tan concretos para responder a la pregunta. En los estudios que ya existen sobre población indígena no se suele preguntar por orientación sexual, mientras que los informes sobre personas LTBIQ+ no suelen identificar la pertenencia indígena. Por tanto, no podemos ponerle cifras a esta realidad, aunque sabemos de sobra que existe y que afecta.
Por suerte, sí que hay investigaciones y organismos internacionales que han ahondado en esta cuestión. La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) advierte de que las personas indígenas con sexualidades diversas pueden sufrir discriminación tanto por su pertenencia indígena como por la orientación sexual o identidad de género. También señala que las experiencias personales varían mucho entre comunidades y territorios.
Un informe elaborado para Naciones Unidas sobre mujeres indígenas con orientaciones sexuales e identidades indígenas diversas recoge precisamente esa complejidad. Hay mujeres que sí reciben cierta aceptación o reconocimiento en sus comunidades, mientras que otras tienen que soportar el rechazo. Y al mismo tiempo pueden sufrir discriminación y violencia fuera de ellas por ser indígenas y formar parte del colectivo LGTBIQ+.
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