Aunque tener conversaciones sobre dinero en una pareja de mujeres no sea lo más romántico, es absolutamente necesario si quieres tener una relación estable y sana. Evidentemente, la necesidad aumenta a medida que tenéis una vida en común, y mucho más si decidís iros a vivir juntas, montáis una empresa e incluso si os compráis un coche o una casa a medias.

Lo recogemos hoy, 18 de septiembre, Día Internacional de la Igualdad Salarial, que en realidad sirve para recordarnos que sigue habiendo una desigualdad importante en el mercado laboral. En España, los datos del INE de 2024 señalan que el salario medio anual de las mujeres fue de 26.904,90 euros, mientras que los hombres ganaron 32.057,55 euros de media.

No hay una única forma de repartir los gastos en una pareja de mujeres

Algunas parejas optan por pagarlo todo a medias y otras por hacerlo de manera equitativa según los ingresos de cada una. Incluso hay mujeres que son partidarias de tener una cuenta común y quienes prefieren tener una cuenta para los gastos comunes y otra separada para su propio dinero.

Lo importante es que la manera de gestionar el dinero en una pareja de mujeres esté consensuada y las dos estéis de acuerdo. Por ejemplo, si una cobra 1.500 euros y la otra 2.500, pagar exactamente lo mismo supone un esfuerzo económico muy diferente y que eso genere tensiones en la relación. En este caso, una manera de resolverlo es aportar de manera proporcional a los ingresos.

Y también hay que tener en cuenta otro tipo de gastos, al margen del alquiler, la hipoteca o los suministros: compras para casa, suscripciones a plataformas de streaming, vacaciones, caprichos…

El dinero también tiene que ver con el poder dentro de la pareja

Unos ingresos más altos o una mejor capacidad económica en ningún caso deberían convertirse en moneda de cambio para tener más poder de decisión dentro de la relación. Ni siquiera si una de las dos asume gran parte de los gastos comunes por cualquier razón.

Las investigaciones publicadas sobre parejas del mismo sexo han encontrado formas más igualitarias de repartir las tareas domésticas y económicas, aunque las diferencias de ingresos siguen teniendo mucho peso en el día a día.

Por eso, evitad a toda costa decir «como tú ganas más, tú decides». Y si aportas menos a los gastos comunes, tampoco significa que estés contribuyendo menos a la relación.

Convivencia, cuidados o niños

Todo lo anterior se multiplica cuando decidís iros a vivir juntas y ya os toca compartir hipoteca, alquiler, suministros, alimentación, ahorrar para iros de vacaciones o para carpcisho…

Y si en el futuro decidís ampliar la familia, tendréis que decidir quién es la madre gestante, cómo gestionáis los permisos laborales y las bajas maternales, las posibles reducciones de jornada y sus consecuencias sobre la carrera profesional.

Las evidencias recientes señalan que los cuidados y la convivencia con los hijos suelen tener consecuencias económicas importantes para las madres, incluso dentro de parejas del mismo sexo.

Por eso, lo que en un principio empieza con una ‘pelea’ por ver quién paga la cena, a largo plazo implica pensar en cómo convivir y tener cada una vuestra independencia económica.