Los códigos secretos entre lesbianas han existido siempre, sobre todo porque durante un tiempo eran lo único que teníamos para reconocernos. Sería el equivalente a la bandera LGTBIQ+ que nos ponemos ahora en la biografía de Instagram o en nuestro perfil de una app de citas, incluso a llevar una pulsera en la muñeca con la bandera lésbica.

Las lesbianas que nos precedieron tenían sus maneras de encontrarse, reconocerse y saber si la mujer que tenían delante ‘era de las suyas’. Porque decirlo públicamente tenía consecuencias laborales, familiares y legales. Y aquí hemos recopilado los códigos secretos entre lesbianas más reconocibles (y curiosos).

El maravilloso lenguaje de las flores

Las violetas son uno de los símbolos relacionados con el deseo de las mujeres más antiguos. Se remonta a la poesía de Safo y llegó hasta los ambientes lésbicos europeos y estadounidenses de principios del siglo XX. En París, por ejemplo, las violetas eran una señal de reconocimiento entre mujeres.

Una curiosidad: la obra ‘The Captive’ se estrenó en 1926, con una trama que giraba en torno a una relación entre mujeres, y las violetas tenían un papel muy importante. De hecho, algunas de las mujeres que acudían al teatro llevaban una violeta en la solapa.

La ropa era el código secreto más potente entre lesbianas

En realidad, nunca ha dejado de serlo. Aunque ahora hablemos mucho de etiquetas, de lesbianas femeninas o masculinas, la forma de vestir siempre ha sido una señal para reconocernos.

En algunos ambientes lésbicos de mediados del siglo XX, fue muy visible la cultura butch y femme. Algunas lesbianas adoptaban una estética más masculina y otras, más femenina.

Tampoco es que fuese un ‘uniforme’ lésbico, porque eso sería borrar de la historia a muchas mujeres que no encajaban en los roles. Pero sí que era una forma de reconocernos en los bares lésbicos entre la década de los 40 y los 60 del siglo pasado.

Eso sí, las lesbianas también tenían que ir con cuidado. En Estados Unidos crearon normas contra la vestimenta considerada ‘del sexo contrario’, y eso se utilizó en redadas contra mujeres.

Los bares eran el verdadero punto de encuentro

Antes de Tinder, Bumble y otras apps para ligar, había que saber dónde estaban las otras lesbianas. Y eso circulaba de boca en boca.

Los bares y los clubes, sobre todo en grandes ciudades, fueron imprescindibles para crear redes lésbicas. En Londres, por ejemplo, el Gateways Club fue uno de los principales puntos de encuentro para las lesbianas en los años 50. Igual en Estados Unidos, aunque en este caso muchos bares y locales estaban sometidos a vigilancia, redadas policiales y hasta control del crimen organizado.

Pero las mujeres tenían sus propios códigos en este sentido: sabían qué local era seguro, a qué hora ir, quién solía estar allí, quién podía presentarles a otras mujeres…

Anillos, chapas y gestos cómplices entre nosotras

Los objetos personales también son señales. De hecho, hay historias de mujeres lesbianas que utilizaban anillos —los famosos pinky rings— para identificarse como lesbianas. Historic England, por ejemplo, recoge el testimonio de una mujer que ha llevado durante muchos años un anillo en el dedo meñique en ambientes lésbicos.

También hubo organizaciones que crearon símbolos específicos para reconocerse. Las Daughters of Bilitis, fundada en Estados Unidos en 1985, utilizó un emblema para reconocer a las mujeres que formaban parte.