¿Te pasa que tu primera novia siempre ha ocupado (y lo sigue haciendo) un lugar especial en tu vida? Aunque no haya sido tu relación más larga, la persona con la que mejor encajabas o directamente ya no tengas contacto con ella. A muchas nos pasa que la seguimos recordando con cierta intensidad y que hay canciones, películas o lugares que nos llevan de vuelta a esa relación.
Y es que la primera relación con otra mujer suele tener un significado que va más allá del propio vínculo. Para algunas fue la primera vez que se enamoraron de una mujer sin intentar ponerle otro nombre a lo que estaban sintiendo. Otras salieron del armario, se nombraron en público por primera vez como lesbianas o empezaron a imaginar de verdad una vida que hasta entonces no sentían como propia.
No es la persona en sí misma (que también), sino que suele ir de la mano con un proceso de descubrimiento y transformación personal que nos abrió la puerta a todo lo que vino después.
La primera novia también es el primer espacio seguro
Ay, cómo es esa primera vez en la que nos enamoramos de otra mujer… El amor en sí mismo es intenso, pero la primera vez puede ser arrolladora si te ha servido para conocerte a ti misma o para ponerle nombre a lo que sientes. O si te has dado cuenta de que no eres ni la primera ni la última lesbiana en el mundo.
El momento de conocer a una mujer con quien puedes ser tú misma. Te hace sentir que no tienes que justificarte, que puedes hablar con absoluta libertad de quién eres sin medir cada palabra.
Cuando todo esto ocurre, la relación se convierte en un espacio de validación y de pertenencia. Por eso, a veces no echamos de menos a esa primera novia, sino cómo nos sentíamos con ella: más libres, más seguras o más cerca de quienes éramos entonces.
La nostalgia tiene que ver con la idealización
Con el tiempo tendemos a recordar los momentos más intensos de una relación y le quitamos importancia a los que no fueron tan buenos. Es lo que en psicología se conoce como sesgo de positividad, pero tiene consecuencias si hablamos de una primera experiencia amorosa.
Tal vez, salvando la parte bonita, fue una relación en la que hubo inseguridades, discusiones o momentos complicados. Incluso puede que ahora no estés dispuesta a vivir una relación como aquella, porque no encaja con tu manera de entender el amor y las relaciones.
Pero los recuerdos son bastante selectivos y nos quedamos con los primeros mensajes, las miradas, los nervios antes de quedar y con la sensación de ‘novedad’. Y también influye mucho en esa idealización de la primera novia que sabemos que no podemos repetir esa experiencia.
Siempre podemos volver a enamorarnos, incluso conocer a una chica más especial o con la que seamos más compatibles, pero nunca va a volver a ser la primera vez. Esto convierte a la relación en irrepetible, aunque no necesariamente en algo mejor.
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