La política nos influye a todas, aunque hay quien prefiera no entrar en ese terreno o no posicionarse. Política es poder casarnos, tener derecho a formar una familia y ser libres sin esconder nuestra orientación sexual en ningún contexto. Las decisiones políticas (y los partidos que nos gobiernan) tienen consecuencias, para bien o para mal, en nuestro día a día.

Lo recordamos justo hoy, Día Internacional de la Democracia, una fecha que ha elegido la Organización de las Naciones Unidas para recordarnos la importancia de participar activamente en la vida política, defender los derechos humanos y tener unas instituciones que respondan ante la ciudadanía. Y todo esto tiene mucho que ver con nosotras.

La democracia no pasa por acudir a las urnas cada cuatro años. También es participar en asociaciones de barrio, organizarnos, protestar, afiliarnos e incluso presentarnos a unas elecciones o formar parte de un partido político que nos represente. Igual que acudir a una manifestación a defender los derechos LGTBIQ+ ante el aumento de los delitos de odio que estamos sufriendo.

La orientación sexual también entra en las urnas

La diversidad sexual no es ajena al mundo de la política, ni tampoco es una cuestión ‘de segunda’ frente a otros problemas que nos afectan. Las leyes en materia de igualdad, el matrimonio igualitario y la lucha contra la discriminación y los delitos de odio son cuestiones institucionales (o, al menos, se deberían tratar siempre como tal).

En España, la Ley 4/2023 de igualdad real y efectiva de las personas trans y para la garantía de los derechos de las personas LGTBI establece medidas en ámbitos como la educación, la sanidad, el empleo, la cultura, los medios de comunicación y la participación social. También contempla mecanismos de participación de las personas LGTBIQ+ y sus organizaciones en las políticas públicas.

España avanza, pero hay que mantener los derechos

Tenemos que reconocer que en España hemos avanzado mucho en los últimos años. Y la prueba está en que ocupamos por primera vez el primer puesto del Rainbow Map 2026 de ILGA-Europe, que analiza las leyes y políticas relacionadas con los derechos de las personas LGTBIQ+ en 49 países europeos. España tiene una puntuación del 89%, por delante de Malta e Islandia.

Eso sí, hay un matiz: el informe advierte de que hay una distancia peligrosa entre el progreso legislativo y la realidad de las personas LGTBIQ+. Señala también que todavía tenemos que avanzar en algunos ámbitos: políticas claras frente a los discursos de odio y derechos de las personas trans.

Así que ahora la política tiene la tarea de proteger y blindar los derechos que tanto nos ha costado conquistar.

Democracia significa poder decidir sobre nuestra vida

Las lesbianas podemos participar en la política a través de asociaciones, colectivos y movimientos sociales, incluso hacer presión a las instituciones para que los asuntos que nos preocupan entren en la agenda pública.

Eso también es democracia. Tener un sistema ‘saludable’ en el que todas podamos participar en igualdad de condiciones.

Y ojo, no todas las lesbianas tenemos que votar ni opinar lo mismo. Pero sí nos tenemos que alejar de los partidos políticos y movimientos que no respetan nuestra identidad, sexualidad ni reconocen que sufrimos delitos de odio por mujeres y por lesbianas.