Hay que hablar de dinero en una pareja de lesbianas que ya llevan un tiempo juntas, sobre todo cuando empiezan a convivir. Cómo repartís los gastos en casa, si queréis ahorrar para una hipoteca o simplemente quién paga las cenas cuando estáis en los primeros meses de una relación.
Lo más importante es que consigáis encontrar la forma de organizar las finanzas que a vosotras os funcione y con la que mantengáis cierta autonomía.
Algunas parejas prefieren tener cuentas separadas y dividir todos los gastos, mientras que otras tienen todos sus ingresos en un fondo común. Y entre las dos opciones, hay muchas otras fórmulas intermedias que pueden funcionar muy bien si habláis de dinero con absoluta naturalidad.
Cuentas separadas: más autonomía y más organización
Al mantener las cuentas separadas, cada mujer de la pareja mantiene el control de sus ingresos y sus gastos. Normalmente, los gastos comunes —alquiler, suministros, compra, viajes o suscripciones— se dividen al 50% o en proporción a lo que gane cada una.
Es interesante si hay una diferencia grande de ingresos o las dos valoráis mucho vuestra independencia económica. También evita que tengáis que justificar cualquier gasto personal dentro de una cuenta compartida.
El inconveniente de esta forma de gestionar el dinero entre una pareja de lesbianas es que tenéis que buscar una manera de organizaros. Por ejemplo, si una paga la compra y la otra se encarga de los suministros, puede que haya diferencias importantes entre lo que habéis aportado cada una y que eso genere roces y discusiones.
No es práctico que tengáis que estar controlando la contabilidad en casa de esta manera y dividir al 50% tampoco es lo más justo siempre si una gana más que la otra.
Fondo común para los gastos compartidos
La alternativa a lo anterior es crear una cuenta conjunta a la que las dos aportéis una cantidad cada mes, según los gastos que tengáis. Y de ahí pagáis alquiler, hipoteca, compra, suministros y todos los gastos de vuestra vida en común. Así, cada una mantiene su cuenta personal para el ahorro y para los gastos propios.
Es una de las fórmulas que mejor funcionan para muchas parejas de lesbianas: la parte destinada a los gastos se comparte, pero cada una mantenéis vuestra propia autonomía. Además, también facilita ahorrar para objetivos comunes (vacaciones, entrada para una vivienda, colchón de emergencia para imprevistos…).
¿La peor parte? Tenéis que dejar claro cuánto aporta cada una y qué se considera un gasto común. Sobre todo, para evitar el «ya que tenemos una cuenta juntas…».
¿Y si una gana mucho más que la otra?
Hay que dejarlo muy claro desde el principio. En lugar de dividir los gastos al 50%, lo ideal es que se haga de forma equitativa. Por ejemplo, si una cobra 2.500 euros y la otra 1.500, aportar lo mismo a los gastos comunes puede suponer un esfuerzo muy distinto.
Una opción es hacer aportaciones proporcionales a los ingresos o establecer una cantidad fija para cada uno y revisarlo en el futuro si cambian las circunstancias laborales.
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