En una relación estable y consolidada, tarde o temprano suele haber una conversación en pareja sobre convivir. Suele ocurrir si lleváis ya algunos años juntas, habéis pasado tiempo en casa de la otra y tenéis la sensación de que estáis más juntas que separadas.

Sin embargo, ¿qué pasa cuando una de las dos no lo tiene claro? Tu pareja quiere dar el paso y a ti te entran los miedos. Y claro, decir «yo ahora mismo no quiero que vivamos juntas» no es fácil e incluso puede terminar generando un conflicto. Aunque os sigáis queriendo como el primer día (o más).

Por qué para ella convivir sí que tiene sentido

Para muchas lesbianas, la idea de tener pareja y convivir es sinónimo de construir un hogar, de cierta seguridad afectiva y de empezar a compartir una vida juntas, mucho más estable. Además, estamos acostumbradas a que nuestras relaciones no se tengan en cuenta y que de puertas para fuera se cofunda con una simple amistad. En cambio, dar el paso de vivir juntas es una forma de ‘demostrar’ que la relación va en serio.

También hay motivos mucho más concretos y prácticos, como compartir los gastos del alquiler, evitar desplazamientos, compartir rutina o simplemente querer despertaros juntas a diario. Si tu pareja quiere convivir, seguramente sea porque tiene mucho valor emocional y significado para ella.

Motivos por los que tú no quieres convivencia

En realidad, puede haber tantos motivos como personas en el mundo, porque cada una tenemos nuestros tiempos y sus circunstancias. Sea como sea, no querer convivencia no te hace fría, inmadura ni menos comprometida con la relación. Estas son algunas razones muy habituales:

  • Necesidad de tener un espacio propio.
  • Procesos personales abiertos.
  • Trabajos precarios o inestables.
  • Salud mental.
  • Experiencias pasadas de convivencia que no acabaron bien.
  • Te gusta tu casa, tu silencio y prefieres que tu pareja no ‘invada’ ese espacio.

Cuando tu pareja quiere convivir y tú no: cómo gestionarlo

La clave no está en convencer a nadie ni en terminar cediendo por agotamiento. Explica tu postura con total sinceridad, sin convertirlo en una lista de excusas ni justificarte en exceso. Por ejemplo, no es lo mismo decir «no quiero convivir contigo» que «ahora mismo necesito mi espacio para estar bien y quiero que lo nuestro siga creciendo«.

Evita hacer promesas vagas si no las sientes («más adelante, seguro») y propón otras alternativas, como pasar más tiempo juntas, estancias algo más largas o probar a compartir gastos sin compartir techo. En el colectivo LGTBIQ+ estamos acostumbradas a hablar de modelos de relaciones diversos, así que aplícalo también a la vida cotidiana. No todo tiene que ser blanco o negro.

Convivir en pareja no es el único modelo válido de relación lésbica

Aunque la sociedad nos haya enseñado que una relación solo avanza cuando las dos personas se van a vivir bajo el mismo techo, hay muchas más formas sanas de estar en pareja. Y no, vivir separadas no tiene por qué ser simplemente una ‘transición’, hay quien lo decide así y a ellas les funciona. Son las conocidas como ‘parejas LAT’.

No todas las relaciones necesitan cumplir un mismo patrón para durar, así que buscad el modelo de relación que a vosotras os funcione. Con vuestros acuerdos y necesidades.