La crisis de la vivienda que estamos viviendo en España afecta a los espacios lésbicos mucho más de lo que parece, aunque casi no pongamos el foco en ello. Evidentemente, los precios disparados que tenemos ahora mismo en España complican la compra y el alquiler, sobre todo en las principales ciudades.
Y si vivir en una gran ciudad es carísimo, también cambia dónde nos podemos permitir vivir, dónde salimos y, en consecuencia, qué negocios de barrio sobreviven o qué espacios lésbicos resisten para hacer comunidad.
España lleva varios años caminando en este sentido. Según el último dato del Instituto Nacional de Estadística (INE), el precio de la vivienda aumentó un 12,9% interanual en el primer trimestre de 2026, mientras que la vivienda de segunda mano lo hizo un 13,5%. En solo tres meses, además, los precios subieron otro 3,5%.
Por tanto, la vivienda se lleva una parte cada vez más grande de nuestros ingresos y eso afecta de lleno a los espacios lésbicos, que nunca han sido tan frecuentados como los que están destinados a un público gay masculino.
El problema empieza antes de entrar a un bar
La primera consecuencia es bastante simple: si nos cuesta más pagar una casa, nos queda menos dinero para todo lo demás. El Banco de España calcula que el 32,5% de los hogares que viven de alquiler en España destinan más del 30% de su renta neta al alquiler. Entre los jóvenes menores de 35 años, el porcentaje sube al 34,2%.
En las grandes ciudades, la situación es todavía más complicada: alcanza el 43,5% en Barcelona, el 41,3% en Madrid, el 46,8% en Sevilla y el 46,7% en Málaga.
Es decir, que si el alquiler, los suministros y la compra se llevan una parte importante de lo que ganamos, no nos podemos permitir salir de fiesta demasiadas veces, una cena e incluso desplazarnos a otro barrio u otra ciudad. Ya no son gastos tan pequeños como cuando éramos jóvenes. Y los espacios lésbicos dependen de que exista una comunidad de barrio que acuda a ellos y los sostenga económicamente.
Mantener abierto un local lésbico tampoco es gratis
Las dueñas de los locales y espacios lésbicos también sufren las consecuencias del aumento del precio de la vivienda. Por ejemplo, la propietaria de un bar, una librería, una asociación o un centro comercial también tiene que pagar un alquiler comercial, suministros, licencias, personal y todos los gastos que implica mantener abierto un negocio.
El problema que estamos viendo es que muchas jóvenes se tienen que marchar de los barrios en los que han crecido porque el precio de la vivienda y del alquiler es insostenible. Y esto hace que poco a poco se vaya diluyendo la comunidad que creció en el barrio.
En Madrid, sin ir más lejos, estamos viviendo una transformación en Chueca. El barrio que siempre ha estado asociado al colectivo LGTBIQ+ ahora está marcado por la gentrificación y la turistificación.
De hecho, muchos locales y comercios de toda la vida han tenido que subir sus precios, lo que hace que, en consecuencia, las personas que acuden habitualmente a esos espacios lésbicos no puedan ir a tomarse una cerveza tantas veces como les gustaría.
Así que, si los espacios lésbicos siempre han sido más bien escasos, nos enfrentamos al cierre de muchos locales de toda la vida. Y cuando hay pocos, su ausencia se nota el doble.
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