La fluidez sexual se refiere a la posibilidad de que la atracción sexual, romántica o afectiva de una persona cambie a lo largo de su vida.

No significa que alguien esté ‘indecisa’ ni que su orientación sexual sea menos válida. Tampoco implica que todo el mundo vaya a experimentar cambios. Es una forma más de entender la sexualidad como algo que, para algunas personas, puede no ser completamente estable.

En el caso de las mujeres que se relacionan con mujeres, este concepto puede poner nombre a ciertas experiencias que no siempre encajan en una etiqueta. Una mujer puede ser lesbiana y haber sentido atracción por hombres en otro momento de su vida o descubrir que su forma de experimentar el deseo cambia con el tiempo. Y eso no invalida su identidad.

¿Qué es exactamente la fluidez sexual?

El término de fluidez sexual lo popularizó la psicóloga Lisa M. Diamond, que durante años estudió la sexualidad y las experiencias afectivas de mujeres. Sus investigaciones señalaron que los patrones de atracción pueden sufrir cambios a lo largo del tiempo en el caso de algunas mujeres.

La cuestión, en este caso, es saber distinguir entre fluidez sexual y bisexualidad. No es que sean incompatibles, pero tampoco son sinónimos.

Una persona bisexual puede sentir atracción por más de un género y mantener esa identidad en el tiempo. Por el contrario, la fluidez sexual se centra en la posibilidad de que cambien los patrones de atracción.

¿Una lesbiana puede experimentar fluidez sexual?

Sí. Y aquí aparece una cuestión muy importante: haber sentido atracción por hombres en el pasado no significa automáticamente que una mujer no sea lesbiana.

La orientación y la identidad no se viven siempre de una manera concreta. Algunas mujeres descubren que son lesbianas después de haber mantenido relaciones con hombres o de haberse identificado antes como heterosexuales o bisexuales. Otras pueden experimentar cambios en su atracción sin que eso suponga cambiar la etiqueta con la que se sienten cómodas.

También puede ocurrir justo lo contrario: que una mujer se identifique como lesbiana durante una etapa y después utilice otra etiqueta. No estamos obligadas a mantener una identidad determinada para ser coherentes.

Fluidez sexual no significa ‘estar confundida’

Uno de los errores más habituales está en interpretar cualquier cambio en la atracción como la falta de claridad. Pero cambiar no significa estar confundida.

Las etiquetas sirven para describirnos, comunicarnos y hacer comunidad, no para que nuestra experiencia sea una prueba que tenemos que pasar. Una mujer puede ser completamente lesbiana y, al mismo tiempo, reconocer que en el pasado ha sufrido esa fluidez sexual.

Además, la atracción sexual, la atracción romántica y los vínculos no tienen por qué avanzar al mismo ritmo. Para algunas personas pueden coincidir y para otras, no.

¿Hay que cambiar de etiqueta si cambia la atracción?

No necesariamente. Nadie tiene que cambiar la etiqueta con la que se identifica por esa fluidez sexual o porque sus experiencias hayan evolucionado.

Una lesbiana puede seguir usando esa palabra porque describe su identidad, su comunidad o su manera de entender las relaciones. Aunque no encaje en una definición rígida. Del mismo modo, otra mujer puede descubrir que una etiqueta diferente representa mejor su experiencia y decidir cambiarla.

Así que la fluidez sexual no pretende poner en duda las identidades lésbicas. Todo lo contrario. Es lo que nos permite entender que la experiencia de cada mujer puede ser distinta y que no todas necesitamos recorrer el mismo camino.