La escritura a mano siempre ha tenido un peso importante en la forma de expresar nuestros sentimientos, ha servido para construir vínculos y, sobre todo, ha dejado constancia de nuestro amor cuando no podíamos verbalizarlo en público. Cartas, poemas, fanzines, notas… La caligrafía siempre ha sido una de las formas de expresión más potentes para las lesbianas.
Este 12 de agosto se celebra el Día Mundial de la Caligrafía. Así que queremos recuperar esta parte de la escritura que ha dejado huella en miles de mujeres de todo el mundo. Y lo más especial es que ha permitido a muchas generaciones saber cómo vivían su amor las lesbianas hace décadas.
Escribir cuando no podíamos ser libres
La historia lésbica la forman las mujeres que alzaron la voz, que lucharon con su vida por los derechos de todas y también las que vivieron su sexualidad en privado. Por ejemplo, las cartas que viajaban de una ciudad a otra, los diarios escondidos bajo llave, los poemas que nunca se publicaron o, en el mejor de los casos, lo hicieron bajo ‘anónimo’, fotografías acompañadas de pocas palabras…
Muchas mujeres encontraron esa intimidad en la escritura. En una carta o en un diario podían hablar con total libertad de su relación o de sus deseos sin necesidad de enfrentarse a miradas ajenas ni juicios de valor. La caligrafía era una forma de expresión de las lesbianas para ponerle nombre a todo lo que no podían gritar en público.
De las cartas privadas a los fanzines lésbicos
Con el desarrollo de los movimientos de liberación sexual y feminista, la escritura pasó a ser una forma de organización y de activismo.
Los fanzines y publicaciones independientes eran baratos, más o menos sencillos de producir, y permitían a las mujeres lesbianas escribir sobre sus propias experiencias sin depender de los medios de comunicación tradicionales. En sus páginas aparecían debates políticos, relatos personales, poesía, sexualidad, relaciones, feminismo, información sobre puntos de reunión…
Todo lo artesanal formaba parte también de esa identidad, en forma de textos mecanografiados, letras manuscritas, collages, ilustraciones y recortes. Quizá no tenían una gran calidad de impresión como podemos imaginar hoy, pero sí que tenían voz propia.
La caligrafía entre las lesbianas era una vía de expresión y una manera de crear comunidad.
La letra como parte de la memoria lésbica
Hay una diferencia importante entre leer un texto online o una carta escrita a mano hace décadas. Aunque las palabras sean exactamente las mismas, en las segundas podemos analizar la letra, la presión del boli sobre el papel, los tachones, espacios entre frases, cualquier modificación o pequeño dibujo. Todo eso forma parte del documento y también comunica.
Estos materiales tienen un valor enorme para recuperar la memoria histórica lésbica, pues los archivos, cartas y diarios nos ayudan a entender cómo vivían y se relacionaban las mujeres lesbianas en contextos muy diferentes al actual.
Y de paso, nos ayudan a mirar la historia desde otro lugar. El de la vida cotidiana: quién escribía a quién, con qué palabras, cómo hablaba del amor, cuáles eran sus preocupaciones o lugares seguros. Una carta puede contar mucho más que una foto, y por eso tenemos que valorar todo lo que nos ha dejado la caligrafía lésbica.
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