¿Conoces la historia de las violetas dentro de la cultura lésbica? En todas las épocas ha habido símbolos para reconocer a las personas LGTBIQ+. Si bien ahora tenemos la bandera arcoíris, esta flor de color púrpura ha sido durante muchos años la manera de expresar el amor entre mujeres, mostrar apoyo a la comunidad o directamente reconocerse entre lesbianas.
Viene de la poesía, de los círculos culturales de París y de una obra de teatro, aunque normalmente las relacionemos solo con la poetisa griega Safo de Lesbos.
Safo de Lesbos y el origen literario de las violetas
Safo vivió en la isla griega de Lesbos durante el siglo VI a.C. y es una de las figuras más importantes de la literatura sáfica. Buena parte de su obra se ha perdido, pero los fragmentos que sí conocemos nos muestran una poesía en la que está muy presente el deseo, el afecto y la admiración hacia otras mujeres. Y en algunos de esos versos, Safo de Lesbos mencionaba mucho las violetas.
El legado de esta poetisa ha tenido una enorme influencia en la cultura lésbica. De hecho, a ella le debemos la palabra ‘lesbiana’ y también que se utilice ‘sáfico ‘para referirnos a las relaciones entre mujeres. Aunque no existe ninguna evidencia de que Safo de Lesbos utilizara las violetas para reconocer a otra mujer lesbiana, eso vino mucho después.
De la literatura a los círculos lésbicos del París de los años 20
Ese vínculo entre el amor entre mujeres y las violetas llegó mucho tiempo después. Concretamente, a finales del siglo XIX y principios del siglo XX, cuando la figura de Safo despertó el interés entre artistas y escritoras.
En el París de entreguerras, las mujeres lesbianas que frecuentaban ciertos ambientes culturales encontraron una ‘excusa’ en las flores para expresar quiénes eran y cuáles eran sus vínculos, sin llegar a decirlo verbalmente.
Así que se creó la bonita tradición de llevar una violeta en la ropa o de regalar un pequeño ramo. Para reconocernos, comunicarnos, demostrar amor hacia otra mujer… Recordemos que entonces las relaciones entre mujeres seguían estando estigmatizadas.
Una obra de teatro popularizó las violetas como símbolo
El momento de que se convirtieran en un símbolo mucho más universal llegó en 1926 con ‘La Prisonnière’ (‘La cautiva’), del dramaturgo francés Édouard Bourdet. La obra narraba la relación amorosa entre dos mujeres, y para ello utilizaba un ramo de violetas como símbolo de su vínculo sentimental.
Como era de esperar, cuando la obra se representó en París, provocó mucha controversia en la sociedad por sus escenas. Pero también despertó el interés (y un poco el alivio) de las mujeres lesbianas que acudían al teatro.
La historia cruzó el charco y llegó a los escenarios de Nueva York bajo el título ‘The Captive’. Y algunas espectadoras acudieron al teatro con violetas en la solapa como muestra de solidaridad con las protagonistas y como símbolo del amor entre mujeres.
A partir de ahí, las violetas se colaron en ambientes lésbicos como un símbolo de visibilidad y de reconocimiento. Y aunque hoy no nos haga falta llevar violetas, siguen siendo un símbolo precioso de amor entre mujeres.
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