Un 10% de los españoles ha visto ‘La bola negra’ en el cine, en total, más de 5 millones de espectadores a fecha de hoy. La magnitud de la creación de Los Javis ha sido tal que la Academia de Cine la ha seleccionado para representar a España en la próxima edición de los Óscar en la categoría de Mejor Película Internacional.
Todo esto es una muy buena noticia para la visibilidad y los derechos de las personas LGTBIQ+, pero es imposible que no nos preguntemos dónde están las lesbianas.
Aplaudimos, por supuesto, cómo la representación del colectivo ha ganado terreno en el cine y en espacios culturales. Sin embargo, es justo reconocer que las historias de las mujeres homosexuales aún no ocupan el mismo lugar. Ni se tratarían de la misma manera y con tanta naturalidad (ni están cerca de hacerlo).
Una historia sobre hombres gays que vuelve a abrir el debate
Dirigida por Javier Calvo y Javier Ambrossi, ‘La bola negra’ conecta las vidas de tres hombres de épocas diferentes, desde los años 30 hasta la actualidad. La película toma como punto de partida una obra inacabada de Federico García Lorca y aborda cuestiones como el deseo, la represión, la homofobia y la herencia familiar.
El relato se centra, por tanto, en tres experiencias masculinas. Y ojo, es legítimo desde el punto de vista de la narración y la ficción.
¿Cuántas producciones españolas han contado la vida de mujeres lesbianas con el mismo presupuesto y, sobre todo, con la misma atención mediática? Sí que hay algunas referencias, como ‘Carmen y Lola’ de Arantxa Echevarría o ‘La amiga de mi amiga’, de Zaida Carmona. Pero siguen siendo muy poco habituales y no han generado lo mismo, pues las historias de hombres homosexuales se abren paso con mucha más facilidad.
En ningún momento pretendemos quitar valor a ese relato ni a lo que ha conseguido ‘La bola negra’, pero sí que nos preguntamos por qué nuestras experiencias tienen menos presencia en el imaginario colectivo.
Menos personajes y menos protagonismo en la ficción
El Observatorio de la Diversidad en los Medios Audiovisuales (ODA) contabilizó en 2020 solo 17 personajes lesbianas en la ficción española: 14 en series y solo 3 en películas. Un año después, el dato aumentó hasta 26, con 9 personas en el cine. Un avance, aunque aún insuficiente.
El problema tampoco se limita al número de mujeres lesbianas que vemos en pantalla, sino al papel que desempeñan, al peso que tienen sus historias y si están construidas con identidad propia. Es decir, si esas mujeres tienen una historia y un peso detrás al margen de su orientación sexual.
No es lo mismo que incluyan a una lesbiana como personaje secundario a que sean protagonistas o tengan un trasfondo que permita al espectador conocer los vínculos, conflictos y acercarse a la realidad de una mujer lesbiana.
La doble invisibilidad de ser mujer y lesbiana
Esta diferencia de representación, que ahora vemos en ‘La bola negra’ y solo es un reflejo de la sociedad, también tiene mucho que ver con el género. Hemos repetido hasta la saciedad (y lo seguiremos haciendo) que nos enfrentamos a un doble rechazo: por nuestra orientación sexual y por ser mujeres.
Por eso, no queremos solo protagonizar películas o series, ni mucho menos. La visibilidad lésbica va más allá de eso e implica que las mujeres lesbianas podamos contar nuestras propias historias (y hacerlo con nuestra mirada), así como ocupar puestos de creación y dirección.
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