Las fantasías sexuales forman parte de nuestra imaginación. De la parte más erótica, eso sí, pero no siempre queremos llevarlas a la práctica. Y es absolutamente normal.
Por ejemplo, que imagines una situación que te excita y te genera morbo, pero que no querrías vivir si se presentara la oportunidad. Precisamente para eso es una fantasía, porque a veces vive solo en nuestra imaginación y no nos sentimos cómodas sacándola de ahí.
Además, para muchas lesbianas (y para cualquier otra persona), ese espacio mental es una parte más de la vida sexual. El límite está en saber que hay cosas que nos dan morbo en nuestra cabeza y en realidad no coinciden con lo que buscamos en la intimidad.
Fantasear no significa querer hacerlo realidad
Una de las ideas más extendidas, y erróneas al mismo tiempo, es que las fantasías revelan deseos ocultos que, en el fondo, queremos cumplir. Pero no siempre es así. Una fantasía puede excitarnos precisamente porque ocurre en un escenario imaginario, sin las consecuencias, riesgos o implicaciones que tendría en la vida real.
Por ejemplo, puede que alguna vez hayas fantaseado con mantener relaciones en un lugar público, aunque a la hora de la verdad te daría bastante pudor hacerlo. Incluso que te imagines haciendo un trío con tu pareja o en una situación de dominación, pero en realidad no tengas ningún interés en llevarlo a cabo.
También puede suceder que una fantasía sexual contenga ciertos ‘elementos’ que no encajan con nuestros valores, gustos o límites personales. ¿Es incoherente? Para nada. Al final, la imaginación erótica es un espacio ‘privilegiado’ que todas tenemos y en el que podemos explorar posibilidades sin comprometernos a nada.
¿Qué tipos de fantasías sexuales podemos tener?
Cada persona tiene su propio imaginario erótico, que puede cambiar con el tiempo y estar influido por las experiencias, la curiosidad, las emociones e incluso las películas o los libros. Por ejemplo, algunas fantasías habituales:
- Juegos de poder: imaginar situaciones de dominación y sumisión, tomar el control o cederlo por completo a tu chica.
- Relaciones en lugares poco habituales: tener sexo en una playa, en la montaña, en el coche aparcado en un sitio público…
- Experiencias con más de una persona: fantasear con un trío o con tener sexo grupal, con o sin tu pareja (si tienes).
- Encuentros con desconocidas: imaginarte una aventura con alguien a quien no conoces de nada.
- Escenarios ficticios: fantasear como si fueras la protagonista de una película, un libro o una serie, incluso llevártelo a tu realidad.
¿Por qué nos excita algo que no queremos experimentar?
Es la gran pregunta que muchas nos hacemos, y la psicología tiene la respuesta. Hay varias razones que lo explican:
- La libertad que proporciona la imaginación, porque en una fantasía podemos controlar lo que ocurre, cómo evoluciona y pararlo cuando queremos. No hay consecuencias ni límites.
- Una cosa es la excitación y otra es el deseo. Una situación puede provocarnos una respuesta erótica, sin que eso signifique que queremos vivirlo. Y al mismo tiempo nos excita porque ocurre en nuestra cabeza.
Además, las fantasías sexuales no tienen por qué responder a necesidades concretas ni tener un significado profundo. Solo son pensamientos que nos excitan y no hace falta encontrarles ninguna explicación.
Ningún Comentario