Uno de los problemas que más preocupan a la sociedad española es la situación actual de la vivienda, lo que nos ha llevado a la convocatoria adelantada de elecciones para el 29 de noviembre y también a la acampada en Sol y en las plazas de muchas otras ciudades españolas. Las jóvenes (y no tan jóvenes) reaccionan ante un problema que nos impide vivir en nuestros barrios.
Según datos del INE, el 44,3% de las personas de entre 26 y 34 años vivía con sus padres en 2025 y casi la mitad señalaba que no podía permitirse comprar o alquilar una vivienda. Una situación que afecta aún más a colectivos vulnerables, entre ellas a personas LGTBIQ+.
Compartir piso entre mujeres después de los 30 años
Compartir piso cuando estamos en la universidad o somos jóvenes es normal, porque no nos podemos permitir un alquiler solas o en pareja, a veces estamos de paso en una ciudad… ¿Y qué pasa al compartir vivienda más allá de los 30 años?
La convivencia se da más de lo que creemos entre mujeres adultas, ya sea porque no pueden permitirse una vivienda en solitario después de una ruptura, han cambiado de ciudad por trabajo, necesitan ahorrar o prefieren un modelo compartido antes que asumir todos los costes de un hogar. ¿Y qué opciones existen?
- Buscar compañeras de piso a través de plataformas inmobiliarias, grupos locales y redes sociales.
- Acudir a comunidades y espacios digitales para mujeres que suelen publicar anuncios de vivienda.
Nuestro consejo es dejar claro en los anuncios que eres una mujer lesbiana y buscas un ambiente LGTBIQ+ friendly. Aunque si buscas en estos espacios lo más normal es que encuentres a mujeres lesbianas o bisexuales.
No es que no queramos compartir espacios con mujeres hetero, pero nos sentimos más cómodas si podemos vivir nuestra orientación sexual con absoluta naturalidad, sin tener que dar explicaciones o medir nuestras palabras. De hecho, vivir con otras mujeres LGTBIQ+ evita tener que explicar ciertas cosas o dar contexto.
Del piso compartido al cohousing: otros modelos de convivencia
No todas las alternativas de vivienda compartida que existen hoy pasan por alquiler una habitación. De hecho, en los últimos años —y ante la situación actual de la vivienda— han surgido otros modelos de convivencia, como:
- Piso compartido tradicional: compartir piso de toda la vida, repartiendo los gastos, con habitaciones privadas y zonas comunes.
- Cohousing o covivienda: cada persona tiene su espacio privado, pero comparte instalaciones y forma parte de una comunidad organizada.
- Cooperativas de vivienda en cesión de uso: la cooperativa gestiona el inmueble y sus integrantes acceden a su uso sin comprar individualmente cada piso. Esta fórmula mantiene el proyecto colectivo a largo plazo.
- Vivienda colaborativa para mujeres mayores: autonomía, espacios propios y apoyo mutuo para llevar mejor el envejecimiento sin depender de la familia o de los recursos convencionales.
La Morada: un proyecto de vivienda feminista y LGTBIQ+ en Barcelona
Un ejemplo concreto de estos nuevos modelos de vivienda es La Morada, una cooperativa de vivienda feminista en el barrio barcelonés de Roquetes. Está impulsada principalmente por mujeres lesbianas, personas trans y otras identidades.
Es un proyecto que cuenta con 12 viviendas y espacios comunes para favorecer la vida en comunidad, los cuidados y la relación con el barrio. Su modelo de cesión de uso permite acceder a una vivienda sin comprarla individualmente, pues es la cooperativa la que asume la gestión del edificio.
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